Cuando el año 1945 parecía llegar a su fin y el otoño caía sobre las ruinas aún humeantes del Viejo Continente, un discreto funcionario del Ministerio de Exteriores británico se paseaba por las calles de la abatida Leningrado. Se trataba de Isaiah Berlin -uno de los intelectuales más destacados del siglo pasado-, quien tras reunirse con los pocos poetas y literatos que aún quedaban en ese páramo estaliniano, redactó un extenso informe sobre la cultura rusa en el que aprehendió uno de sus grandes dilemas: "Rusia ha vivido en cierta medida aislada del resto del mundo y nunca ha formado parte integral de la tradición occidental".
Medio siglo después, El baile de Natacha: una historia cultural de Rusia, de Orlando Figes, vuelve sobre las huellas que dejó Berlin. Figes, historiador británico, es autor de prestigiosas y premiadas obras sobre la historia de Rusia. El baile de Natacha, título poco afortunado que el autor extrae de una escena de La guerra y la paz de Tolstoi, es un libro tremendamente enjundioso cuyas 800 páginas son leídas con facilidad gracias a una narrativa que, sin deslumbrar, es amena y poco pretenciosa.
