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1 sept 2011

Cormac McCarthy en un conflicto entre el nihilismo y la fe | Pablo Moscoso

El tipo es extrañamente solitario. Vive en algún lugar en medio del desierto de Nuevo México y no da entrevistas. Hasta hace poco sus fotos eran escasas, todas de otra época. Años 60 quizás. Candidato al Nobel de Literatura, Cormac McCarthy ha establecido una relación fecunda con el cine. Tres de sus libros han visto la pantalla grande -dos de ellos, No es país para viejos y La carretera, con gran éxito- y ahora su segunda obra de teatro, The Sunset Limited (2011), es llevada al cine bajo la dirección de Tommy Lee Jones, con el guión del propio escritor.

En sus novelas habla de desolación, de paisajes vacíos y personajes decadentes; de tipos rudos que parecieran estar más allá del bien y del mal. Siempre reserva, en estos páramos de polvos y nadas, una cierta grandeza a sus protagonistas, una solvencia moral que contrasta con los lugares que habitan. Sin embargo, en The Sunset Limited estos parámetros parecen diluirse. La amplitud de los paisajes de la adaptación de los hermanos Coen en No hay lugar para los débiles es reemplazada por un cuchitril ruinoso enclavado en algún lugar de Harlem, en la calle 155 con la Octava Avenida. 

7 may 2011

En su ley | Alfredo Jocelyn-Holt

Cuesta imaginarse una película sobre Osama Bin Laden. No se precisa, está hecha, ya la vimos. Desde el comienzo de esta historia, adivinable o no su final, el estreno tenía todos los auspicios propios de la megaproducción, taquilla garantizada, que prometía. Para empezar, un kill shot sorpresivo, perfecto (ni que lo hubiesen mandado a hacer), seguido de suspenso, efectos especiales, extras (quizás un exceso de extras). Banda sonora del mismísimo Stockhausen, un desatinado, pero no despreciable publicista, bueno para el mercado europeo ("Es la mayor obra de arte jamás realizada: el hecho de que unos seres se preparen como locos para un solo acto durante años y lo ejecuten una vez y mueran en la ejecución hace que sea la mayor obra de arte jamás realizada"). El casting también de película. "Gerónimo" hasta más exótico que Harry Belafonte u Omar Sharif en sus años mozos. "Jr." y Condoleezza, Obama y Hillary (ella toda una diva: "Fueron los 38 minutos más intensos de mi vida"), un equilibrio black and white políticamente correctísimo en el reparto, casi como para pensar que fue por exigencia del otrora racista y ahora arrepentido Screen Actors Guild; una pena, eso sí, que Ronald, expresidente del sindicato hollywoodense, no pudiese estar para la función de gala.

7 ago 2010

El Bicentenario en Chile: una fiesta sin sentido | Nicolás Ocaranza


Tanto por desidia de los intelectuales como también por un cierto conformismo gubernamental, el Bicentenario se ha convertido en una fiesta oficial sin sentido, una fiesta en la cual a través de concursos y encuestas se ha decidido quienes son los personajes más importantes de la historia de Chile y cuales son las  características culturales más representativas de una supuesta identidad chilena.

Series de televisión como "Héroes" (Canal 13) o "Algo habrán hecho" (TVN) tampoco escapan al sin sentido del fervor bicentenario, toda vez que estos programas ofrecen una mirada convencional y una lectura bastante simplificada de los procesos políticos, sociales y culturales que dan sentido a la historia de Chile. Con guiones que rinden culto al rating y que subestiman al público bajo la excusa de la "cultura entrenida", otros proyectos de mejor factura como "Pueblos Originarios" (SurImagen-TVN) -sensible a la estética del paisaje y con una aproximación intimista a las cosmovisiones y tradiciones de nuestros pueblos indígenas-, han sido dejados fuera del horario prime. 

A excepción de la serie "Epopeya" (TVN) y la ya mencionada "Pueblos Originarios" (TVN), la distancia entre la oferta cultural local y algunos proyectos audiovisuales de divulgación histórica realizados en el extranjero es enorme. Series como "John Adams" (HBO) -basada en la biografía homónima de David McCullough-, "The Power of Art" (BBC) y "A History of Britain" -escritas y conducidas con inteligencia y sensibilidad por el historiador Simon Schama-, sin abandonar la aspiración a llegar al público general ofrecen, a través de guiones bien trabajados y de una bella propuesta audiovisual, una reflexión histórica compleja que no confunde divulgación con acumulación de datos, ni entretención con simplificación.

Más allá de esas precarias propuestas, el Bicentenario podría haber sido una inmejorable oportunidad para realizar un balance o una reflexión sobre la validez de algunos valores políticos que han sido fundamentales en la historia política chilena desde la Independencia a nuestros días –tal como lo hiciera en el pasado el poeta Vicente Huidobro en su agudo Balance Patriótico-. 

Uno de los temas que requería una mediana atención es el progresivo deterioro de nuestros valores políticos republicanos y la desaparición de una elite política éticamente comprometida con ese proyecto. Cuando aludo a los valores republicanos me refiero a ciertos principios que movieron a la elite liberal chilena de inicios del siglo XIX a luchar por la Independencia para construir una república en la cual la educación pública fuera un derecho y no un privilegio y en la que la investidura de los cargos de representación tuviera una dignidad moral incomparablemente superior a los beneficios económicos que un político podía obtener por detentar un cargo público. 

El escenario actual difiere absolutamente de ese proyecto republicano, más aún si vemos que la clase política comienza a ser percibida con desconfianza por la ciudadanía, que la corrupción es solo una de las consecuencias de la degradación del poder legislativo y que ciertos enclaves autoritarios heredados de la dictadura militar permanecen intactos gracias a un establishment que se ha conformado con realizar cambios dentro de lo posible. 

Resulta evidente, entonces, que el conformismo político y cultural es el gran problema de nuestro Bicentenario, pero tal como ocurrió con los críticos del Centenario aparecerán tarde o temprano nuevas revisiones críticas de los cambios –voluntarios y forzados- de nuestra vida política y cultural independiente.
Nicolás Ocaranza