A los republicanos, cuando nos enfrentábamos a la dictadura nos llamaban comunistas, y ahora que nos enfrentamos a la turba, nos ponen junto a los derechistas. Ni una cosa ni otra, porque la realidad política no es tanto una línea con dos extremos que serían la izquierda y la derecha, sino más bien un triángulo. Todos somos en mayor o menor grado liberales, comunitaristas y republicanos.
Guido Girardi, como Presidente del Senado, faltó a sus obligaciones republicanas al permitir que un grupo de personas sometiera a presiones físicas a un ministro de Estado, y al dar por bueno que esos vociferantes bailaran arriba de una mesa donde se discutía el Presupuesto de la nación. Más allá del hecho, están los símbolos. Tampoco estuvieron a la altura el ministro, que se escurrió, ni los parlamentarios, que pasmados o pensando en su reelección optaron por jugar al museo de cera. En un Estado republicano de derecho, los carabineros no son una fuerza de ocupación. Ellos y los militares están sometidos a reglamentos, y detentan el monopolio jurídico de la violencia.
