En una reciente entrevista, Michelle Bachelet confesó que sus dos libros favoritos eran, en género de “no ficción”, Los idus de marzo, de Thornton Wilder (porque “las cartas de Julio César muestran que hace mucho tiempo existían las mismas batallas por el poder”), y, en el género de “ficción”, La gente de Smiley, de John le Carré. Dado el impenetrable hermetismo que se le atribuye a la Presidenta, este sinceramiento es, quizás, iluminador.
El libro de Wilder es una recopilación de cartas que circulan justo antes de la muerte del César, escritas por el Dictador y quienes complotan para asesinarlo, pero éstas no son auténticas: se trata de una magnífica novela histórica. Infiero, por lo tanto, que Bachelet estaría confundiendo realidad con ficción. Un pecado venial; los políticos están convencidos de que el poder es siempre real. Ellos literalmente se creen el “cuento”. Hace poco se supo cuán impresionada habría quedado al leer La Silla del Águila de Carlos Fuentes, novela epistolar y de intriga política en torno a una sucesión presidencial mejicana.
