3 dic. 2011

Los versos de los poetas no son poesía | Rafael Gumucio

Defensor de la claridad y el humor frente a la trascendencia engolada de gran parte de la lírica, Nicanor Parra acaba de publicar, a los 94 años, el primer tomo de sus obras completas. Allí se puede rastrear la prehistoria del gran maestro de la antipoesía, un autor irreductible que, más que en los libros, ha encontrado lo poético en las canciones, los telegramas, los chistes y los periódicos.

Nicanor Parra, después de resistirse toda una vida, ha decidido a los 94 años dejar que publiquen sus obras completas. El primer tomo de ella circula ya en librerías, convertido en Chile en un best seller en que ejércitos de adolescentes y no tantos gastan sus últimos ahorros. El antipoeta le ha agregado al título de sus obras completas un "algo más" que lo refleja por entero. Lo incompleto es la base misma del credo poético de Nicanor Parra. Para éste siempre hay algo más, que él llama "las variables ocultas", es decir, la X y la Y, que una y otra vez están dispuestas a sabotear por entero las ecuaciones con que queremos comprender el mundo.

El aire del poeta | Leila Guerrero

Es un hombre, pero podría ser otra cosa: una catástrofe, un rugido, el viento. Sentado en una butaca baja cubierta por una manta de lana, viste camisa de jean, un suéter beis que tiene varios agujeros, un pantalón de corderoy. A su espalda, una puerta vidriada separa la sala de un balcón en el que se ven dos sillas y, más allá, un terreno cubierto por arbustos. Después, el océano Pacífico, las olas que muerden rocas como corazones negros.

-Adelante, adelante.

Es un hombre, pero podría ser un dragón, el estertor de un volcán, la rigidez que antecede a un terremoto.

-Adelante, adelante.

Llegar a la casa de la calle Lincoln, en el pueblo costero de Las Cruces a 200 kilómetros de Santiago de Chile, donde vive Nicanor Parra, es fácil. Lo difícil es llegar a él.

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El Cervantes vindica el humor antipoético | Carlos Franz

Hará unos diez años me llamó Parra por teléfono, desde Las Cruces, su refugio en la costa central de Chile. Me habló con esa voz alargada suya, donde siempre acecha una ironía. «Habrás notaaaaado que yo soy el único poeta chileno sin seudónimo», me dijo (aludiendo a Neruda, a Mistral, a De Rokha, y hasta a Vicente Huidobro, cuyo nombre no era exactamente ese). «Lo que paaaasa», continuó, «es que un antipoeta no puede inventarse un seudónimo. Necesita encontrar un nombre real que esté vacante, para ocupaaaaaarlo. ¿Me entiendes? ¡Y por fin lo encontré! De ahora en adelante mi seudónimo será... Neftalí Reyes». Y Parra se quedó callado, al otro lado de la línea, acechando mi reacción. Porque «Neftalí Reyes» fue el sonoro nombre verdadero que Neruda inexplicablemente abandonó cuando decidió ponerse un nombre de pluma. ¡Sólo a Nicanor se le podía ocurrir «ocuparlo»! Paladeado mi asombro, Parra agregó: «Mi próximo libro lo firmaré como Neftalí Reyes. Y abajo, entre paréntesis y tarjado, dirá: ex Nicanor Parra».

Don Nica Cervantino | Julio Ortega

Ahora que escasea la otra, la que nos queda es la justicia poética. El premio Cervantes a Nicanor Parra es una larga reparación. Lo celebramos con alborozo sus lectores fieles (¿hay otros?), descorchando una botella, con la sonrisa fija del antipoema. Hoy Cervantes viste hoja de parra.

Pocos más cervantinos que Don Nica. Descubrió la poesía en el lenguaje de las matemáticas, como el otro en el de las caballerías. De esos modelos solventes del mundo, uno y otro derivan la ironía, el relativismo y el sinsentido común. Por ello, una pasión los distingue: la crítica del lenguaje, no sólo del habla autoritaria y del habla profusa , sino del idioma mismo, este español que ambos han confrontado para liberarlo de sus oropeles y devolverlo a la calle.

En una "Advertencia al lector," Parra se reclamó como eslabón perdido de la tribu del Tractatus Logico-Philosophicus de Wittgenstein, a quien había leído y conocido en la época en que escribía sus Antipoemas poemas en Inglaterra. En esa antipoética declara: "Me vanaglorio de mis limitaciones," haciendo eco al famoso principio wittgenstiano que dice, con entusiasmo, "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo." De inmediato, Parra corrige: "Pongo por las nubes mis creaciones." Con lo cual reescribe al filósofo millonario y suicida al introducir el principio de la contradicción como la nueva lógica del discurso. Parra cita también al Círculo de Viena, el grupo de filósofos y matemáticos que en los años 20 había iniciado el positivismo lógico. La noción antimetafísica de una filosofía analítica y crítica atrajo a Parra, estudiante de física en las universidades de Brown y de Oxford a comienzos de los años 40. Don Nica ha ido siempre armado de una libretita y un lápiz, escudo y lanza de un Qujiote escrito por Sancho.

La moda de las listas | Álvaro Matus

Desde la famosa lista de 1983 elaborada por la revista Granta sobre "los mejores novelistas jóvenes británicos", aquella en la que figuraban Ishiguro, Amis y McEwan, la idea de armar nóminas con los escritores más prometedores se ha convertido en una moda insufrible.

Como si no bastaran Herta Müller, Vargas Llosa y James Ellroy para animar una gran fiesta literaria, a los organizadores de la Feria del Libro de Guadalajara se les ocurrió elegir a "los 25 secretos literarios de América Latina". No hay ningún escritor que se repita respecto de Bogotá 39, que el 2007 agrupó a 39 narradores menores de 40 años, ni tampoco que hayan figurado en la nómina de Granta del año pasado, la cual reunía a los "22 mejores autores en español menores de 35 años". Esto no significa, por cierto, que quienes hayan aparecido en las nóminas anteriores hayan dejado de ser escritores más o menos secretos, pues la verdad es que la circulación de sus libros se limita en casi todos los casos a su país de origen. Por último, al comparar las selecciones de Granta y Bogotá se aprecian sólo tres coincidencias, lo cual nos permite concluir, si sumamos los tres listados, que en apenas cuatro años han aparecido 83 narradores sobresalientes en nuestro idioma. ¿Se puede creer tanta maravilla?

1 dic. 2011

El nuevo mundo textual | Entrevista a Roger Chartier por Silvina Friera (Página/12)

Lo imprevisible es patrimonio exclusivo de los suburbios. “Si hubiera aprendido español en Buenos Aires, pronunciaría mucho más fuerte el yo”, dice Roger Chartier adelantando los labios en cámara lenta, como si intentara besar al aire. El historiador francés estudió la secundaria en el instituto Ampère de Lyon. No era una escuela de las más prestigiosas, esas que enseñaban a los jóvenes franceses que nacieron en cuna de oro las entonces “lenguas nobles”, el inglés y alemán. Al adolescente que fue le tocó pulsear con el español. Con los párpados entornados, como si buscara calibrar las luces y sombras de esa experiencia, cuenta que tuvo excelentes profesores que muy temprano lo vacunaron con fragmentos del Quijote. Los vericuetos de su formación historiográfica en la llamada escuela de los Annales de los años ’70 y los laberintos del mundo académico –que lo llevaron a interesarse en la historia del libro, en la relación entre los textos y los lectores– hundieron al idioma de Cervantes en el olvido. Recién a fines de los ’80 y principios de los ’90, una seguidilla de invitaciones y charlas, en España y en la Argentina, lo obligaron a entrenar nuevamente ese músculo fatigado de la lengua española, que ahora luce en forma

‹‹El desencanto no es una razón para no querer cambiar el mundo›› | Entrevista a Claudio Magris por Carlos Aguilera (ABC)

Encuentro a Claudio Magris en la universidad y nos vamos al San Marcos, el café donde comienza precisamente uno de sus mejores libros: «Microcosmos». Allí, il professore, como todos le llaman en Trieste, tiene reservada una mesa que se conserva invariablemente vacía hasta que éste, a cualquier hora del día, llega, se sienta y trabaja. Los camareros lo saludan y le traen aceitunas, café, pan. Él devuelve el saludo y me invita. Por cada pregunta que hago, Magris estira la mano y coge una aceituna. Una pregunta, una aceituna, me dice. Las aceitunas son como la vida, vuelve a decirme: si las exprimes mucho, se secan. Y sonríe.

Entre Oriente y Occidente. Entrevista a Orhan Pamuk | Rosa Montero (El País)

He aquí un hombre que recibió el Nobel de Literatura: en primer lugar porque es un escritor original y poderoso, pero además porque, como figura progresista y lúcido eslabón entre Oriente y Occidente, cumplía a la perfección el perfil político de un galardón cada día más descaradamente politizado. He aquí también una persona con un inusitado afán controlador; los primeros cinco minutos, nada más encontrarnos, me somete a un férreo y minucioso interrogatorio: ¿No viene un fotógrafo con usted? ¿Entonces qué fotos van a utilizar? ¿Dónde va a salir la entrevista? ¿Cuántas páginas ocupará? ¿El suplemento de El País tiene formato de revista o de periódico? ¿Va a ser una entrevista o un perfil? ¿Será todo pregunta y respuesta, o habrá textos escritos por usted? ¿Sólo un texto al principio, o también observaciones intercaladas entre las preguntas? En más de treinta años de profesión nunca me había encontrado un entrevistado tan necesitado de saberlo todo.

Canonizador | Entrevista a Harold Bloom por Winston Manrique Sabogal (El País)

Hay que mantener a raya la muerte de la imaginación!", pide Harold Bloom, que calla y cierra los ojos el tiempo suficiente para parecer un busto de mármol blanco de algún sabio griego de cabellos revueltos.

La frase suspendida recobra vida con voz grave y cansada: "Una de lasmaneras es que el crítico se acerque a un libro a través de la confrontación con las cosas directamente.

Debe ver lo bueno que es el autor. Y no hablo de los escritores menores sino de los grandes, comoDante, Shakespeare y Cervantes. Saber de qué están históricamente envueltos, cuál es el proceso; pero tiene que sentarse en el mismo sitio del escritor para conocerlo, y cuando lo lea debe leerlo como a un amigo cercano…". Y Bloom vuelve a suspender la idea un instante hasta encontrar las palabras: "Esa literatura, la canónica, que parece agonizar, es fundamental conocerla si queremos aprender a oír, a ver, a pensar… A sentir...".

Javier Pradera | Alfredo Jocelyn-Holt

No son tiempos para intelectuales estos que vivimos. Según Edward W. Said, lo peor que le puede pasar a un intelectual es que se "profesionalice", sienta que lo suyo es un trabajo con horario, se vuelva remilgado, no mueva el bote, evite la controversia, lo político (a no ser lo políticamente correcto), se las dé de "objetivo", le haga el juego al poder, piense que escribe para un "cliente", y jamás arriesgue el pellejo (tiene familia y es normal, sufre sus miedos). Un auténtico intelectual, afirma Said, debe ser un "amateur", otros han dicho un "diletante" (no peyorativamente), alguien que cultiva un saber como aficionado, con esmero y afecto, no como profesional o "académico" (en el apolillado sentido de especialista o erudito latero).

Mejor el camino que la posada | Carlos García Gual

Adiós a la Universidad. El eclipse de las Humanidades. Jordi Llovet, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2011.

Leí este libro de Llovet hace unos meses, en su versión catalana, de un tirón, y me alegra ver que ahora aparece en castellano, ya con éxito merecido y muchos lectores. Escrito como confesión personal, con inteligencia y apasionamiento, como conviene al tema y a su autor, Adiós a la Universidad no es la queja de un "intelectual melancólico", o, si lo fuera, es también, desde luego, mucho más. Es un juicio experto, actualizado, meditado y crítico, sobre la deriva de esa vieja institución europea, nacida en la Edad Media y reconstruida en la época de la Ilustración sobre las pautas de un ideal laico, humanista y científico. Como indica su título, el libro justifica una despedida personal, algo prematura, de las aulas universitarias (de la Universidad de Barcelona), pero es, a la vez, una consideración, que no creo intempestiva, sobre la degradación universitaria -con un enfoque que afecta, sobre todo, a las llamadas Humanidades, o, más vulgarmente, estudios de Letras-.

Literatura y Política | Entrevista a Juan Goytisolo

Frente al casticismo hispanista el escritor Juan Goytisolo reivindica los intercambios culturales entre las literaturas del mundo ibérico y árabe, apuntando que el silenciamiento de esa tradición se relaciona con la conflictiva historia de españoles y moriscos. Revisita la experiencia traumática de la guerra civil española y los reacomodos políticos y éticos de la Transición española. Más adelante profundiza en el fenómeno de la disidencia, tanto en referencia al heterodoxo español José María Blanco White como a la censura comercial del mercado editorial actual. La entrevista concluye con una reflexión sobre la indeferencia de Europa frente a los conflictos políticos, sociales y culturales que acontecen en el Viejo Mundo y el Medio Oriente.

La educación según Lampedusa | Álvaro Matus

Es impresionante la vigencia de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957), ese aristócrata venido a menos que en los últimos tres años de su vida escribió El gatopardo, para muchos la mejor novela política de todos los tiempos. Fue una especie de testamento, pues se publicó cuando ya había muerto y porque además contiene las claves de su propia existencia. La noción de que "todo debe cambiar para que todo siga igual", que planea por cada página del libro, se proyecta hasta nuestros días y ayuda a entender la desconfianza de los universitarios movilizados y de la ciudadanía en general, que ve en los políticos nada más que a guardianes del statu quo.

En sus maravillosas Notas sobre literatura inglesa, recién publicadas por Ediciones UDP,  el príncipe de Lampedusa emerge también como un profesor culto, divertido, exigente y, lo más valioso, capaz de transmitir el entusiasmo que le provocaron Chesterton, Dickens o Swift. Afirma que si Graham Greene fuera Papa "todos seríamos católicos"; y a Joyce lo compara con un enorme y sabroso salmón que "con las aletas y con la cola luchó durante años contra la secular corriente, suscitó en torno suyo bellísimos rocíos iridiscentes y manchas de fango, y fue excesivo aunque no cambió de rumbo. Gran artista y noble figura".

Entrevista al historiador Hugh Thomas | Héctor González (Milenio)

A finales de la década de 1980, Hugh Thomas (1931) vivía en el Distrito Federal; para mayores referencias en la calle de Madero. Eran días convulsos para un país sacudido por la enésima crisis económica y todavía afectado por el sismo del 85; el escenario político no era ajeno a esta época de turbulencia. Aun así, la memoria del historiador parece tener otro referente: "Mis años en México fueron paradisiacos. Son impactantes sus estructuras coloniales y es increíble la sencillez de la gente".

México es un terreno bien conocido y estudiado por el historiador. Su primera visita fue en 1963, mientras preparaba la segunda edición de La Guerra Civil española, obra que pudo aparecer en el país ibérico hasta después de la muerte de Francisco Franco. Su relación con España tiene también una amplia estela de tiempo y conocimiento que le da la autoridad moral como para hacer un diagnóstico: “Para que cicatrice la herida de la Guerra Civil, los españoles necesitan algún monumento memorial, así comos los judíos lo han hecho para las víctimas del nazismo. Supongo que eso llegará en algún momento, aunque también debo reconocer que las nuevas generaciones piensan cada vez menos en aquella época”.