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8 oct 2012

Cómo escribir la historia del capitalismo en Chile | Nicolás Ocaranza

La revolución capitalista de Chile (1973-2003) es una edición de la tesis doctoral que el historiador Manuel Gárate Chateau presentó a l‘EHESS de Paris. Se trata de un trabajo ambicioso pero muy bien logrado, cuyo principal objetivo es desentrañar la trayectoria del capitalismo en Chile entre los años 1973 y 2003.

La obra comienza con un análisis de la circulación y recepción de las teorías clásicas del liberalismo económico durante el siglo XIX, siguiendo con la instalación de un experimento neoliberal bajo el autoritarismo político de la dictadura militar, y concluyendo en la continuidad de una sociedad de mercado que se sustentó tanto en el pragmatismo como en un sistema de privatizaciones que transcendió las políticas económicas aplicadas por los seguidores chilenos de la Escuela de Chicago.

El precio de la desigualdad | Joseph Stiglitz

A los estadounidenses les gusta pensar en su país como una tierra de oportunidades, opinión que otros en buena medida comparten. Pero aunque es fácil pensar ejemplos de estadounidenses que subieron a la cima por sus propios medios, lo que en verdad cuenta son las estadísticas: ¿hasta qué punto las oportunidades que tendrá una persona a lo largo de su vida dependen de los ingresos y la educación de sus padres?
En la actualidad, estas cifras muestran que el sueño americano es un mito. Hoy hay menos igualdad de oportunidades en Estados Unidos que en Europa (y de hecho, menos que en cualquier país industrial avanzado del que tengamos datos). Esta es una de las razones por las que EE UU tiene el nivel de desigualdad más alto de cualquiera de los países avanzados. Y la distancia que lo separa de los demás no deja de crecer. Durante la "recuperación" de 2009 y 2010, el 1% de los estadounidenses con mayores ingresos se quedó con el 93% del aumento de la renta. Otros indicadores de desigualdad (como la riqueza, la salud y la expectativa de vida) son tan malos o incluso peores. Hay una clara tendencia a la concentración de ingresos y riqueza en la cima, al vaciamiento de las capas medias y a un aumento de la pobreza en el fondo.

5 sept 2012

Las desagradables verdades de un intelectual: Tony Judt y su última mirada al siglo XX | Pablo Moscoso


"Bueno, ya sabes, la reputación de Casandra es bastante conocida. No es tan malo luchar hasta el final para contar una verdad desagradable". Esta frase, que Tony Judt estampa en las últimas páginas, ayuda a entender el sentido de este libro improbable pero fantástico. En efecto, Pensar el siglo XX, es un libro extraño, difícil de catalogar. Mezcla "de historia, una biografía y un tratado de ética" –sí, esa cosa de la que ya pocos hablan–, discurre en forma de diálogo entre dos historiadores, Tony Judt y Timothy Snyder, académico de Yale especialista en Europa del Este. Probablemente hoy en día Tony Judt –un calvo de gafas que en la foto de la solapa se lo ve de lo más sonriente–, deba su fama más a la enfermedad neurológica degenerativa que lo paralizó hasta causarle la muerte, que a Postguerra, su obra monumental y definitiva.

4 jun 2012

La política económica de la inseguridad | Ulrich Beck


La consecuencia no deseada de la utopía neoliberal es una brasilización de Occidente: son notables las similitudes entre cómo se está conformando el trabajo remunerado en el llamado Primer Mundo y cómo es el del Tercer Mundo. La temporalidad y la fragilidad laborales, la discontinuidad y la informalidad están alcanzando a sociedades occidentales hasta ahora baluartes del pleno empleo y el Estado del bienestar. Así las cosas, en el núcleo duro de Occidente la estructura social está empezando a asemejarse a esa especie de colcha de retales que define la estructura del sur, de modo que el trabajo y la existencia de la gente se caracteriza ahora por la diversidad y la inseguridad.
En un país semiindustrializado como Brasil, los que dependen del salario de un trabajo a tiempo completo solo representan a una pequeña parte de la población activa; la mayoría se gana la vida en condiciones más precarias. Son viajantes de comercio, vendedores o artesanos al por menor, ofrecen toda clase de servicios personales o basculan entre diversos tipos de actividades, empleos o cursos de formación. Con la aparición de nuevas realidades en las llamadas economías altamente desarrolladas, la “multiactividad” nómada —hasta ahora casi exclusiva del mercado laboral femenino occidental— deja de ser una reliquia premoderna para convertirse rápidamente en una variante más del entorno laboral de las sociedades del trabajo, en las que están desapareciendo los puestos interesantes, muy cualificados, bien remunerados y a tiempo completo.

3 ene 2012

Chile rising | AlJazeera

Los estudiantes chilenos han tomado las escuelas y calles de sus ciudades en las protestas más extensas que el país ha visto en décadas. Estas protestas han causado una compleja crisis política en el país del multimillonario presidente Sebastián Piñera. 

Los estudiantes exigen una educación pública gratuita y de calidad y el fin de la privatización de escuelas y universidades. Esas políticas de libre mercado aplicadas a la educación fueron implementadas por el dictador Augusto Pinochet en los días previos a dejar el poder.

Estas manifestaciones estudiantiles coinciden con las protestas que han estallado a escala mundial. 

Chile rising (El alzamiento de Chile), reportaje de la cadena de televisión Al Jazeera, sigue la lucha de este movimiento estudiantil en uno de los países más desiguales del mundo.


9 oct 2011

La ilusión socialdemócrata | Immanuel Wallerstein

La socialdemocracia tuvo su apogeo entre 1945 y finales de los años ’60. Representaba, al mismo tiempo, una ideología y un movimiento que apostaban por el uso de recursos estatales para garantizar algún tipo de redistribución a la mayoría de la población a través de formas concretas: expansión de subvenciones a la educación y la salud; ingresos asegurados de por vida mediante programas para cubrir las necesidades de grupos de “trabajadores sin sueldo”, particularmente niños y ancianos; y programas para minimizar el desempleo. La socialdemocracia prometió un futuro (todavía) mejor para las futuras generaciones gracias a una especie de ascenso permanente de los niveles de ingresos nacionales y familiares. Esto es lo que ha definido al welfare state (estado de bienestar). Fue, en definitiva, una ideología que reflejó la idea de que el capitalismo podía ser “reformado” y tener un rostro más humano.

Los socialdemócratas se hicieron fuertes principalmente en Europa occidental, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda, pero también en Canadá y Estados Unidos (donde fueron conocidos como los demócratas del New Deal). Es decir, en los países ricos del sistema-mundo, aquellos que constituyeron lo que podría ser llamado el mundo paneuropeo. Los socialdemócratas fueron tan exitosos que sus oponentes de centroderecha también apoyaron el concepto de estado de bienestar, tratando meramente de reducir sus costos y alcances. En el resto del mundo, los Estados trataron de subirse al carro de la victoria mediante proyectos de “desarrollo” nacional.

5 ago 2011

La educación universitaria más cara del mundo | Marcel Claude

La salvaje represión a los estudiantes que se manifiestan contra la educación chilena encuentra sus raíces en el modelo económico planteado por Sebastián Piñera. Marcel Claude, economista y profesor de la Universidad de Chile en la Escuela de Economía asegura, en diálogo con Página/12, que este año el gobierno les va a entregar 35 mil millones de dólares a las compañías multinacionales que explotan cobre. Esa cifra representa tres veces el presupuesto para educación, doce veces el presupuesto en vivienda y siete veces el que se destina para salud. “Chile tiene la educación universitaria más cara del mundo, con un costo que representa el 72 por ciento del PBI per cápita”, asegura el especialista en desarrollo económico que lleva más de 40 conferencias dictadas en todo el país debatiendo con estudiantes y docentes sobre la crisis educativa.


¿Cuáles son las claves para entender este conflicto?


Toda la educación chilena está ordenada en torno de la lógica del lucro, ése es su eje central. El Banco Mundial señaló que cuando un estudiante se gradúa y sale al mercado laboral carga con un endeudamiento equivalente al 174 por ciento de su sueldo anual. Eso es una locura. Aunque un estudiante trabaje un año completo, todo el ingreso que gana tendrá que dejarlo en el banco. Se estima que cada estudiante se gradúa con una deuda promedio de 40 mil dólares.


Una de las críticas más fuertes de los estudiantes ha sido que este modelo aumenta las desigualdades sociales.


Los ricos estudian en las mejores universidades y los pobres en las peores condiciones, lo que incrementa las desigualdades con las que nacen. El 40 por ciento de los estudiantes que no termina la universidad queda endeudado y sin título. De los que terminan, el 60 por ciento no trabaja de lo que estudió. Esas son las cifras crudas y duras de la educación chilena.


¿Qué alternativas existen ante este paradigma neoliberal?


Tiene que constituirse un sistema público donde la educación sea un derecho asegurado por el Estado. Chile tiene los recursos para hacerlo.


¿Cómo analiza el presente del movimiento estudiantil?


Este movimiento es mucho más sólido que en cualquier otro momento de la historia posdictadura. Recorriendo el país pude observar que existe conciencia y un excelente nivel de reflexión política en todos los estudiantes. Eso despierta la esperanza real de construir un movimiento que vaya más allá de sus demandas. Los estudiantes han planteado la posibilidad de renacionalizar los recursos marinos, mineros y pesqueros. El 60 por ciento de los chilenos vive con un ingreso promedio inferior a un país como Angola. Ante este contexto, la gente toma conciencia de la situación y está despertando.


2 ago 2011

El horizonte político de los movimientos sociales en el Chile actual | Gabriel Salazar

En este video, el historiador Gabriel Salazar analiza el devenir de los movimientos sociales que acontecen en Chile a la luz del proyecto desarrollista de mediados del siglo XX, la disolución del tejido social a causa del neoliberalismo, la crisis de representatividad del sistema político y el desmesurado fervor del Bicentenario.


11 jul 2011

La mala educación | Gabriel Salazar y María Olivia Monckeberg

Gabriel Salazar (Premio Nacional de Historia) y María Olivia Monckeberg (Premio Nacional de Periodismo), profesores de la Universidad de Chile, analizan la crisis de la educación en Chile y el movimiento estudiantil de 2011. Entrevistas realizadas por estudiantes de la Escuela de Periodismo y del Instituto de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile.


18 jun 2011

Lucri bonus odor | Alfredo Jocelyn-Holt

En versión completa, "Lucri bonus est odor ex re qualibet", el olor a ganancia es bueno provenga de donde provenga. Esto según Vespasiano, el emperador que mandó edificar el Coliseo, y que según Juvenal (Sátiras, V, 14, 202), habría respondido a quienes le reprocharon haber cobrado impuestos a las letrinas públicas. Lo cual deja a uno pensando. ¿Es que esta supuesta verdad también vale para la regenta de una casa pública? O, no será que no existe el lucro que no sea un poco pestilente.


Me temo que históricamente nadie habla bien del lucro. De la tradición que parte de la patrística y termina con los democratacristianos, no hay nadie que no maldiga el "sucio" lucro (San Pablo). El derecho apenas reconoce su existencia. En general lo pena, y cuando lo admite, como con el "lucro cesante", es para indemnizar, recompensar, por no haberse hecho efectivo. Suele además olvidarse, pero durante millones de años no hubo bancos ni  cajeros automáticos (¡qué tiempos!) y, aunque siempre ha existido el crédito, su historia, más que nada literaria de acreedores y prestamistas, es sórdida. Por último, si después burgueses algo beatos dieron entender que el lucro era un fast track al cielo es porque eran herejes canutos.

17 jun 2011

El negocio de las Universidades en Chile, entrevista a María Olivia Monckeberg | Paul Walder

A comienzos de 2008, el grupo estadounidense Apollo compró la universidad privada chilena Uniacc en 40 millones de dólares. Una gran operación comercial, en el marco de los flujos de inversiones extranjeras hacia los servicios, que no se ha diferenciado en mucho de otras áreas de la economía chilena, abierta a los capitales internacionales. Tampoco es el único caso en la educación superior.


Un fondo de inversión canadiense (KKR)  es dueño de la Universidad de Las Américas, y parcialmente de la Universidad Andrés Bello, ambas, con la mayor cuota del “mercado” de la educación universitaria privada y una estructura de propiedad que está lejos de consolidarse. La educación superior en Chile está en pleno movimiento, en tanto el negocio no da tregua.

La periodista María Olivia Monckeberg publicó “El negocio de la Universidades en Chile” (Random House Mondadori), texto de más de 600 páginas en el que se realiza una detallada y alarmante investigación sobre esta actividad, negocio redondo que según la reglamentación ha de ser “sin fines de lucro”. Monckeberg, conocida periodista y destacada investigadora sobre materias sin duda polémicas y tapadas, no oculta su asombro al hablar de este “negocio”.

21 may 2011

¿El fantasma de una nueva Revolución? | Nicolás Ocaranza

Such be the sons of Spain, and strange her fate!
They fight for freedom, who were never free;
A kingless people for a nerveless state,
Her vassals combat when their chieftains flee,
True to the veriest slaves of Treachery;
Fond of a land which gave them nought but life,
Pride points the path that leads to liberty;
Back to the struggle, baffled in the strife,
War, war is still the cry, 'War even to the knife!'

Lord Byron, Childe Harold's Pilgrimage

Inciertos vientos de cambio político han comenzado a soplar en España y Chile durante esta semana. Aún cuando los acontecimientos indican diferencias importantes entre las movilizaciones sociales de ambos países, en la Península un rechazo a los partidos hegemónicos (PSOE y el PP) ad portas de las elecciones municipales además de un reclamo por una democracia real, mientras que en Chile éstos giran en torno a la crisis de la educación pública y al rechazo de un megaproyecto hidroeléctrico en la Patagonia aprobado a espaldas de la ciudadanía, el trasfondo es el mismo: crisis de la representación, centralismo gubernamental, coaliciones políticas incapaces de sintonizar con la ciudadanía y una democracia representativa cada vez más debilitada. Pero detrás de todo eso se advierte un abierto cuestionamiento al modelo socialdemócrata defendido por los fieles exponentes de la Tercera Vía vinculados al PSOE en España y a la Concertación en Chile y un llamado a abrir nuevos espacios a la democracia deliberativa.

14 may 2011

Racismo, clasismo y sexismo en Chile: manual de 'carroña' | Sonia Montecino

Hace unos días tuvimos conocimiento del Taller “Enfrentándonos al Mundo Laboral” promovido por el Gobierno de Chile a través del Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM). Aunque al parecer esta iniciativa no siguió implementándose, pues al emerger la polémica fue retirado de circulación, sus contenidos resultan de gran valor para conocer cuáles son los supuestos ideológicos acerca de la configuración social de la mujer que tiene como horizonte dicho servicio, y por extensión el gobierno que lo avala.


Sabemos, desde la antropología del género, que cada sociedad construye un modelo de lo que es femenino y masculino, y que en su gran mayoría esas representaciones se convierten en estereotipos que muchas veces impiden superar las desigualdades entre hombres y mujeres.


Las luchas femeninas y feministas desde fines del siglo XIX y a lo largo del siglo XX han buscado, precisamente, transformar los sistemas simbólicos que han acantonado a la mujer a un simple cuerpo, reduciendo su existencia a la de objeto de los intercambios parentales (¿qué era el matrimonio sino un vínculo entre familias gracias al intercambio de mujeres?) .

15 mar 2011

El mundo en rumbo de colisión | Manfred Max-Neef

En esta conferencia, el economista Manfred Max-Neef, premio nobel alternativo de Economía, cuestiona las premisas fundamentales del modelo económico neoliberal y plantea una nueva mirada sobre el desarrollo económico a partir de algunos de sus importantes trabajos sobre desarrollo sustentable y economía política.

8 mar 2011

Multitudes Inteligentes | Antonio Negri & Michael Hardt

Uno de los desafíos que enfrentan quienes observan los levantamientos que se extienden en el norte de Africa y Medio Oriente es leerlos no tanto como repeticiones del pasado, sino como experimentos originales que abren nuevas posibilidades políticas relevantes, mucho más allá de la región, para la libertad y la democracia. De hecho, nuestra esperanza es que a través de ese ciclo de luchas el mundo árabe se convierta en los próximos diez años en lo que fue América Latina en la década pasada: un laboratorio de experimentación política entre movimientos sociales poderosos y gobiernos progresistas, de Argentina a Venezuela y de Brasil a Bolivia. Esas revueltas han realizado de inmediato una suerte de limpieza ideológica que barrió con las concepciones racistas de un choque de civilizaciones que relegan la política árabe al pasado. Las multitudes de Túnez, El Cairo y Bengazi demuelen los estereotipos políticos de que los árabes se ven limitados a la opción entre dictaduras laicas y teocracias fanáticas, o de que los musulmanes de algún modo son incapaces de libertad y democracia. Hasta el hecho de que se llame “revoluciones” a esas luchas parece engañar a los comentaristas, que asumen que el avance de los acontecimientos debe obedecer la lógica de 1789, de 1917 o de alguna otra rebelión europea del pasado.

Las actuales revoluciones árabes estallaron en relación con el tema del desempleo, y su núcleo está formado por jóvenes de alto nivel de educación con ambiciones frustradas, un sector de la población que tiene mucho en común con los estudiantes que protestan en Londres y Roma. 

26 ene 2011

Algo va mal (fragmento)| Tony Judt

Quienes afirman que el fallo es del "sistema" o quienes ven misteriosas maniobras detrás de cada revés político tienen poco que enseñarnos. Pero la disposición al desacuerdo, el rechazo o la disconformidad -por irritante que pueda ser cuando se lleva a extremos- constituye la savia de una sociedad abierta. Necesitamos personas que hagan una virtud de oponerse a la opinión mayoritaria. Una democracia de consenso permanente no será una democracia durante mucho tiempo.

Es tentador hacer como todos: la vida en comunidad es mucho más sencilla cuando cada uno parece estar de acuerdo con los demás y la disconformidad es adormecida en aras de las convenciones del compromiso.

Las sociedades y las comunidades en que estas faltan o se han desintegrado no prosperan. Pero la conformidad tiene un precio. Un círculo cerrado de opiniones o ideas en el que nunca se permiten ni el descontento ni la oposición -o solo dentro de unos límites circunscritos y estilizados- pierde la capacidad de responder con energía e imaginación a los nuevos desafíos. 

Estados Unidos es un país fundado sobre comunidades pequeñas. Como puede atestiguar cualquiera que haya vivido durante algún tiempo en uno de esos lugares, el instinto natural siempre es imponer una uniformidad normativa al comportamiento público de sus miembros. En Estados Unidos, esta disposición en parte es contrarrestada por la predisposición individualista de los primeros colonos y por la protección constitucional que otorgaron a la disconformidad individual y minoritaria. Pero este equilibrio, observado por Alexis de Tocqueville entre muchos otros, hace tiempo que se ha inclinado hacia la conformidad. Las personas siguen siendo libres de decir lo que quieran, pero si sus opiniones contradicen las de la mayoría, son marginadas de la sociedad. Como mínimo, el impacto de sus palabras es silenciado.

Gran Bretaña solía ser diferente: una monarquía tradicional gobernada por una élite hereditaria que mantenía su control del poder permitiendo e incluso incorporando la disconformidad y anunciando su tolerancia como una virtud. Pero el país se ha hecho menos elitista y más populista; la vena no conformista en la vida pública ha sufrido una descalificación constante -como Tocqueville habría previsto-. Actualmente, el desacuerdo enérgico con la opinión generalmente aceptada sobre cualquier cosa, desde la corrección política hasta los tipos impositivos, es casi tan poco frecuente en el Reino Unido como en Estados Unidos.

Hay muchas fuentes de disconformidad. En las sociedades religiosas, particularmente en aquellas que tienen un credo establecido -catolicismo, anglicanismo, islamismo, judaísmo-, las tradiciones de disconformidad más efectivas y duraderas están enraizadas en diferencias teológicas: no es casualidad que el Partido Laborista británico naciera en 1906 de una coalición de organizaciones y movimientos en la que las congregaciones no conformistas tuvieron gran protagonismo.

Las diferencias de clase también son un terreno abonado para la disconformidad. En las sociedades divididas en clases (o, en algunos casos, en las comunidades organizadas en castas), los que están abajo suelen tener una fuerte motivación para oponerse a su condición y, por extensión, a la organización social que la perpetúa.

En décadas más recientes, la disconformidad ha estado estrechamente relacionada con los intelectuales: un tipo de persona que primero se identificó con las protestas de finales del siglo XIX contra el abuso de poder por parte del Estado, pero que en nuestro tiempo es más conocido por hablar y escribir a contrapelo de la opinión pública.

Por desgracia, los intelectuales contemporáneos han mostrado muy poco interés en aspectos clave de la política pública, mientras que han intervenido o protestado sobre temas definidos éticamente en los que las opciones parecen más claras. Esto ha dejado los debates sobre la forma en que debemos gobernarnos en manos de especialistas políticos y think tanks, en los que rara vez tienen cabida opiniones no convencionales y el público queda prácticamente excluido.

El problema no es si estamos de acuerdo o no con un acto legislativo determinado, sino la forma en que debatimos nuestros intereses comunes. Por tomar un ejemplo evidente (por ser muy conocido): en Estados Unidos, a cualquier conversación sobre el tema del gasto público y las ventajas o desventajas de un papel activo del Gobierno enseguida se le aplican dos cláusulas de exclusión. De acuerdo con la primera, todos estamos a favor de que los impuestos sean tan bajos como sea posible y de que el Gobierno se entrometa lo mínimo en nuestros asuntos. La segunda -en realidad, una variación demagógica de la primera- afirma que nadie quiere que el "socialismo" sustituya nuestra forma de vida y de gobierno tradicional y eficiente.

A los europeos les gusta creerse menos conformistas que los estadounidenses. Les hacen sonreír los corrales religiosos a los que se retiran tantos ciudadanos estadounidenses, renunciando así a la independencia mental para adoptar el lenguaje del grupo. Señalan las consecuencias perversas de los referendos locales en California, donde unas iniciativas legislativas populares bien financiadas han destruido la base fiscal de la séptima economía mundial.

Sin embargo, en un reciente referéndum en Suiza se prohibió la construcción de minaretes en un país en el que solo hay cuatro y donde casi todos los residentes musulmanes son refugiados bosnios laicos.

Y los británicos han aceptado sumisamente todo, desde las cámaras de televisión de circuito cerrado hasta la vigilancia más invasora de la intimidad, en lo que ahora es la democracia más autoritaria y "sobreinformada" del mundo. En muchos aspectos, la Europa actual es mejor que los Estados Unidos contemporáneos, pero está lejos de ser perfecta.

Hasta los intelectuales han doblado la rodilla. La guerra de Irak vio cómo la gran mayoría de los comentaristas británicos y estadounidenses abandonaban toda apariencia de pensamiento independiente y se alineaban con el Gobierno. La crítica al ejército y a quienes ostentan la autoridad política -que siempre es más difícil en tiempo de guerra- se marginó y se trató casi como si fuera una traición. Los intelectuales de la Europa continental tuvieron más libertad para oponerse a la precipitada campaña, pero solo porque sus propios líderes eran ambivalentes y sus sociedades estaban divididas. (...)

Pero, al menos, la guerra, como el racismo, ofrece opciones morales claras. Incluso hoy, la mayoría de la gente sabe lo que piensa acerca de una acción militar o de los prejuicios raciales. Pero en el ámbito de la política económica, los ciudadanos de las democracias contemporáneas nos hemos vuelto demasiado modestos. Se nos ha aconsejado que dejemos esas cuestiones a los expertos: la economía y sus implicaciones políticas están mucho más allá del entendimiento del hombre o la mujer corrientes, de lo que se encarga el lenguaje cada vez más arcano y matemático de la disciplina.

No es probable que muchos "legos en la materia" se opongan al ministro de Economía o a sus asesores. Si lo hicieran, se les diría -como un sacerdote medieval podría haber aconsejado a su grey- que son cosas que no les incumben. La liturgia debe celebrarse en una lengua oscura, que solo sea accesible para los iniciados. Para todos los demás, basta la fe.

Pero la fe no ha bastado. Los emperadores de la política económica en Gran Bretaña y Estados Unidos, por no mencionar a sus acólitos y admiradores del resto del mundo desde Tallin hasta Tiflis, están desnudos. No obstante, como la mayoría de los observadores comparten desde hace mucho sus gustos sartoriales, no están en condiciones de decir nada. Tenemos que volver a aprender cómo criticar a quienes nos gobiernan. Pero para hacerlo con credibilidad hemos de librarnos del círculo de conformidad en el que tanto ellos como nosotros estamos atrapados.

La liberación es un acto de la voluntad. No podemos reconstruir nuestra lamentable conversación pública -lo mismo que nuestras ruinosas infraestructuras físicas- si no estamos lo bastante indignados por nuestra condición presente. Ningún Estado democrático debería poder lanzar una guerra ilegal sustentada en una mentira deliberada y no tener que responder de ello. El silencio que rodea la vergonzosa respuesta de la Administración Bush al huracán Katrina delata un cinismo deprimente hacia las responsabilidades y competencias del Estado: en realidad, esperamos que Washington no esté a la altura. La reciente decisión del Tribunal Supremo estadounidense de permitir el gasto ilimitado de las empresas en los candidatos electorales -y el escándalo de las "dietas" en el Parlamento británico- ilustra el papel incontrolado del dinero en la política actual. (...)

Entretanto, la vertiginosa pérdida de apoyo del presidente Obama, en gran medida debida a su torpe defensa de la reforma sanitaria, ha contribuido más todavía a la desafección de la nueva generación. Sería fácil retirarse en un hastío escéptico ante la incompetencia (y peor) de aquellos que actualmente tienen encomendado gobernarnos.

Pero si dejamos el desafío de la renovación política radical a la clase política existente -a los Blairs, Browns, Sarkozys, Clintons y Bushes y (me temo) Obamas-, solo acabaremos más decepcionados.

La disconformidad y la disidencia son sobre todo obra de los jóvenes. No es casual que los hombres y mujeres que iniciaron la Revolución Francesa, lo mismo que los reformadores y planificadores del new deal y de la Europa de la posguerra, fueran bastante más jóvenes que los que los precedieron. Ante un problema, es más probable que los jóvenes lo afronten y exijan su solución, en vez de resignarse. Pero también tienen más probabilidades que sus mayores de caer en el apoliticismo: como la política está tan degradada, debemos desentendernos de ella. (...)

Por consiguiente, lo primero que se le ocurre a un joven que quiere "comprometerse" es afiliarse a Amnistía Internacional o a Greenpeace, o a Human Rights Watch o a Médicos Sin Fronteras. El impulso moral es irreprochable. Pero las repúblicas y las democracias solo existen en virtud del compromiso de sus ciudadanos en la gestión de los asuntos públicos.

Si los ciudadanos activos o preocupados renuncian a la política, están abandonando su sociedad a sus funcionarios más mediocres y venales. La Cámara de los Comunes británica ofrece actualmente un espectáculo penoso: un reducto de enchufados, subordinados serviles y pelotas profesionales -al menos, tan lamentable como en 1832, la última vez que fue asaltada y sus "representantes" expulsados de su sinecura-. El Senado estadounidense, en el pasado un bastión del republicanismo constitucional, se ha convertido en una parodia pretenciosa y disfuncional de su carácter original. La Asamblea Nacional francesa ni siquiera aspira al visto bueno del presidente del país, que la soslaya cuando quiere.

Durante el largo siglo del liberalismo constitucional, de Gladstone a Lyndon B. Johnson, las democracias occidentales estuvieron dirigidas por hombres de talla superior. Con independencia de sus afinidades políticas, Léon Blum y Winston Churchill, Luigi Einaudi y Willy Brandt, David Lloyd George y Franklin Roosevelt representaban una clase política profundamente sensible a sus responsabilidades morales y sociales. Es discutible si fueron las circunstancias las que produjeron a los políticos o si la cultura de la época condujo a hombres de este calibre a dedicarse a la política. Políticamente, la nuestra es una época de pigmeos.

Sin embargo, es todo lo que tenemos. Las elecciones al Parlamento, al Senado y a la Asamblea Nacional siguen siendo nuestro único medio de convertir la opinión pública en acción colectiva dentro de la ley. Así que los jóvenes no deben perder la fe en nuestras instituciones públicas. (...)

El fracaso democrático trasciende las fronteras nacionales. El vergonzoso fiasco de la Cumbre del Clima de Copenhague en diciembre de 2009 ya se está traduciendo en cinismo y desesperanza entre los jóvenes: ¿qué va a ser de ellos si no nos tomamos en serio las implicaciones del calentamiento global? El desastre sanitario en Estados Unidos y la crisis financiera han acentuado la sensación de impotencia incluso entre los votantes con mejor voluntad. Hemos de actuar guiándonos por nuestra intuición de una catástrofe inminente. (...)

La mayoría de los críticos de nuestra condición presente comienzan con las instituciones. Dirigen su atención a los parlamentos, los senados, los presidentes, las elecciones y los grupos de presión, y señalan las formas en que se han degradado o han abusado de la autoridad que se les ha confiado. Cualquier reforma, concluyen, debe comenzar ahí. Necesitamos leyes nuevas, sistemas electorales distintos, restricciones a los grupos de presión y a la financiación de los partidos; debemos dar más (o menos) autoridad al ejecutivo y hallar la forma de que las autoridades, elegidas o no, escuchen y respondan a quienes son su base y les paga: nosotros.

6 sept 2010

"Europa está dormida y resignada". Entrevista a Gianni Vattimo, filósofo italiano | Gustavo Santiago


Hacia el final de la década del 70, un pequeño número de filósofos, encabezados por Gianni Vattimo y Pier Aldo Rovatti, se atrevía a sostener que las ideas "fuertes", que se pretendían sustentadas en sólidos fundamentos, debían dar paso a nociones más ligeras, abiertas a la pluralidad. Apenas unos años más tarde, el "pensamiento débil" llegó a gozar de una popularidad inusual para una corriente filosófica. Eran los tiempos en  que la disputa modernidad/posmodernidad ocupaba el centro de la escena cultural. En este diálogo, correo electrónico mediante, Vattimo, revisa aspectos controversiales de su producción y destaca la importancia de la perspectiva débil para construir una sociedad democrática y pluralista, que promueva la caridad y el respeto por la libertad. 

-Han pasado treinta años desde el surgimiento del "pensamiento débil". ¿Cómo fue aquel comienzo? ¿Qué llevó a su formulación?

-El pensamiento débil se inició para enfrentar el carácter absoluto de algunas ideologías, entre las que se encontraba el marxismo. Algunos filósofos queríamos señalar la imposibilidad de seguir hablando de una razón central, de una razón omnicomprensiva del mundo. Es decir, algo semejante a lo que Lyotard iba a anunciar en aquellos años como "el fin de los metarrelatos". 

-¿En qué se sustentaba esa perspectiva? 

-Estas ideas surgieron como una derivación o una especie de síntesis de Nietzsche y Heidegger. Pero de un Heidegger al que podríamos llamar "de izquierda". Desde mi perspectiva, el gran error de Heidegger, que hizo que se inclinara hacia el nazismo en 1933, fue no haber sido radicalmente nihilista. Eso lo llevó a pensar que se podía reconstruir una sociedad presocrática, preclásica, premetafísica, recurriendo a la mitología nazi. Como si el nazismo fuera una posibilidad de salir efectivamente de la metafísica. Esto fue un error político y también filosófico. 

-En su autobiografía, usted recuerda que en los años 80 las discusiones sobre el pensamiento débil colmaban grandes auditorios. También eran numerosos los filósofos que decían sostenerlo. Actualmente, sin embargo, se oyen muy pocas voces de apoyo. 

-Es verdad que hay una diáspora de los autores del pensamiento débil. Pier Aldo Rovatti es uno de los pocos que permanece fiel al "debilismo" desde los primeros momentos. Aunque desde el comienzo él tenía una versión de la debilidad un poco diferente de la mía, menos ontológica y más fenomenológica; menos heideggeriana y más husserliana. Pero hubo autores que colaboraron con nosotros, como Umberto Eco o Maurizio Ferraris, que ahora dirían cualquier cosa de sí mismos excepto que son débiles. Para mí, en Eco sigue habiendo manifestaciones del pensamiento débil. 

-¿Por qué cree que se produjo este cambio en la consideración de los intelectuales?
-Yo atribuyo esta situación al predominio de la derecha en el pensamiento actual. Hay un fuerte retorno al "realismo", desde el cual se afirma que lo que debe hacer la filosofía es analizar los hechos, ayudar a los saberes científicos, pero de ningún modo imaginar una alternativa a la realidad tal como es. Hay un retorno al orden, a la "normalidad". Y el pensamiento débil no ayuda en esto. Aunque algunos, interpretando mal la idea de debilidad, acusaron también al pensamiento débil de ser reaccionario, conciliador con la realidad neocapitalista. Pero nunca fue así. 

-Sin embargo, ésa es una idea muy extendida en el mundo intelectual. ¿Usted cree que se trata de un simple error de comprensión? 

-También puede estar ligado a una distorsión, quizá intencional. En Italia hemos tenido un período de corrupción política que en aquel momento se aliaba muy bien con un pensamiento que se decía débil. Como si el pensamiento débil fuera la negación de los valores filosóficos definitivos y sólo eso. Esa idea se utilizaba para justificar una política pragmática y corrupta. Pero, obviamente, eso es algo con lo que yo nunca he estado de acuerdo. 

-¿Cuál fue su posicionamiento en relación con el neoliberalismo en los años 80? 

-Personalmente, nunca fui neoliberal. Sí puedo decir que en aquellos años me sentía comprometido con una política de "socialismo ligero", con la idea de un socialismo un poco menos autopunitivo, un poco menos austero. Pero nunca he estado a favor del neoliberalismo. Quizá el texto en el que he podido dar esa idea es La sociedad transparente . Allí afirmaba que la lógica misma de los mass media conducía a una multiplicación de las interpretaciones que me resultaba una lógica liberadora, emancipadora. Yo decía que cuando alguien tiene un solo canal de televisión en la casa puede tomarlo como un Dios. Pero si tiene veinte, no creerá en ninguno de ellos porque al multiplicarse las voces se multiplican las interpretaciones. Pero cuando al comienzo del 2000 Berlusconi ganó las elecciones en Italia, publiqué una nueva edición de La sociedad transparente con un capítulo donde confesaba una cierta desilusión frente a la posibilidad intrínseca de los medios de funcionar como instrumentos de liberación, aunque sin llegar a pensar, como Adorno, que los medios como tales son totalitarios. Lo que veo es una resistencia del capital a la pluralidad, que lo lleva a monopolizar los medios e intentar hacerlos servir a una sola voz. La multiplicidad de interpretaciones es bloqueada por razones políticas y económicas. Por ello, se necesita una política que favorezca la pluralidad de las voces y esto es realmente difícil de lograr. 

-Usted suele citar un verso de Hölderlin que también le gustaba a Heidegger: "Allí donde crece el peligro crece también la salvación". ¿Cuáles son los peligros que más lo preocupan en la actualidad desde una perspectiva política? ¿Vislumbra la gestación de alguna salvación? 

-En este momento me parece que hay estructuras internacionales que controlan las políticas nacionales de un modo tan rígido que yo no veo, en Europa o en Italia, la posibilidad de cambiar mucho. Por ejemplo, la experiencia de centro izquierda italiana con Prodi me desilusionó muchísimo porque ni siquiera Prodi, que era un hombre con buenas intenciones, honesto, ha podido cambiar mucho. ¿Y por qué no? Porque estamos en un sistema (la Unión Europea, el Pacto Atlántico, etc.), que nos impide manejar nuestra política. La única zona del mundo que me parece todavía prometer algo es Latinoamérica. Efectivamente, lo que pasó en los últimos años en América latina, empezando con la resistencia de Cuba y después con Venezuela, con el Brasil de Lula, con la Argentina, me parece que promete no, obviamente, una revolución o una guerra en contra de los Estados Unidos, pero sí una posible modificación del equilibrio, del balance de los poderes internacionales. Yo siempre he soñado con una alianza entre la Unión Europea y Latinoamérica como alternativa a los Estados Unidos. Aunque, desde luego, no en términos de enemistad militar. 

-¿Cuáles serían esos signos alentadores que encuentra en América latina? 

-Lo que veo es una forma tentativa de socialismo. Soy consciente de los límites del chavismo, pero me parece que la utilización que ha hecho Chávez del dinero del petróleo es algo fundamental. Es cierto que en Venezuela tiene una fuerte oposición, pero también es cierto que quienes lo cuestionan provienen de las clases acomodadas, que son las que han perdido los privilegios. Pero es innegable que los pobres tienen más asistencia médica, más posibilidades de instrucción. Hay muchísimos elementos problemáticos del chavismo, pero creo ver allí la posibilidad de un socialismo un poco diferente del que conocíamos. También la veo en Evo Morales e incluso en Lula, aunque obviamente, como Brasil es el país más grande de América Latina, tiene más dificultades para actuar. No sé bien hasta qué punto se podría tener otra esperanza. ¿Qué podemos esperar? ¿Que Europa, por ejemplo, se transforme? Europa está dormida y resignada. Hay una pérdida total de confianza, la gente no participa más en la política. 

-Para quien no haya leído sus textos, esta apelación al compromiso político puede resultar tan sorprendente como su retorno al cristianismo luego de recorrer las sendas de Nietzsche y de Heidegger.
-Escribí un pequeño libro que se publicó en español hace dos o tres años, que se llama Ecce Comu , título que ironiza un poco con Ecce Homo de Nietzsche, en el que postulo algo así como un "anarco comunismo". Y, aunque parezca extraño, esta especie de comunismo que sostengo está relacionado con mi cristianismo y con los filósofos que usted mencionaba. Yo no pienso que mi retorno a mi religión de juventud sea simplemente un hecho de salvación individual. Uno no se puede salvar individualmente, sino con su propio mundo, con su propia situación social, con los otros. Como debilista, yo soy cristiano. La única filosofía cristiana que me parece existir hoy es el pensamiento débil. El pensamiento débil me parece una traducción filosófica del mensaje de la encarnación de Dios. Dicho de otro modo, la encarnación de Dios es una manera de desmentir todas las imágenes de lo divino como trascendente, como absoluto, como juez, para sustituirlas por la de un Dios que se hace hombre. La verdad del cristianismo no es la idea de que Dios existe en alguna parte en el cielo, ni que Jesús está sentado a la derecha del Padre. Cuando Jesús dice: "Yo estoy presente cuando dos o tres de ustedes se reúnen en mi nombre", no lo hace para decir que Dios está presente incluso de esta manera. Significa que Dios está presente sólo de esa manera, en la cara del otro, en el encuentro con el otro. La Iglesia no siempre interpreta la Escritura literalmente. Pero decide ella misma cuándo se trata de tomarla al pie de la letra y cuándo no. Hay todo un sistema de pensamiento pontifical, tradicional del catolicismo, que afirma que hay una naturaleza que sólo la Iglesia conoce y que deviene la base de su propia autoridad incluso en lo moral. Todo esto es básicamente no un respeto por la naturaleza, sino una voluntad por parte de la Iglesia de preservar su propio poder. 

-En su autobiografía usted afirma que "el único pecado verdadero es la falta de caridad". 

-Amor es ante todo la caridad cristiana. En el amor existe aquello que Santo Tomás llamaba la amistad conyugal. Esto es algo más que la pasión inmediata. El amor incluye problemas, sufrimiento. Por ejemplo, yo soy doblemente viudo, he estado con dos chicos más jóvenes que yo, que lamentablemente se murieron antes que yo. ¿Qué hace un viejo viudo? Con mis años, con mi barbita blanca, difícilmente llegue a seducir a alguien. Yo sufro esta espina en la carne. Para los jóvenes esa espina es el deseo, que nunca se acaba completamente, que lleva a la tentación. Yo tengo una suerte de nostalgia y tengo que vivirla más o menos como vivo mi finitud. Un amigo me dice, en broma, que yo no soy heterosexual ni homosexual: a mi edad soy más bien "veterosexual". Y algo de razón tiene. Lo que no hay que olvidar es que en el eros hay también mucha caridad. Cuando el otro me gusta con su cara, con su cuerpo, y entre nosotros no hay opresión, ésta es una forma de caridad. El placer que allí surja no puede tener nada de malo, de pecaminoso. ¿Por qué tiene que estar Dios contra el placer?