5 sept. 2012

La mano que agarra | Peter Sloterdijk

Para dimensionar la magnitud sin precedentes que el Estado democrático moderno ha alcanzado en Europa, es necesario recordar el parentesco histórico entre dos movimientos que surgieron junto con tal Estado: el liberalismo clásico y el anarquismo. Ambos movimientos estaban motivados por la hipótesis errónea de que el mundo se dirigía hacia una era de debilitamiento del Estado. Mientras que el liberalismo quería un Estado mínimo que guiara a los ciudadanos de un modo casi imperceptible —permitiéndoles dedicarse a sus negocios en paz—, el anarquismo propendía la muerte total del Estado. Impulsaba a ambos movimientos una esperanza típica del siglo XIX europeo: que el saqueo del hombre por el hombre no tardaría en llegar a su fin. En el primer caso, esto resultaría de la eliminación de la explotación por parte de las clases improductivas, es decir, la abolición de la nobleza y el clero. En el segundo caso, la clave era reorganizar las clases sociales tradicionales en grupos pequeños que consumirían lo que ellas mismas producirían. Pero la historia política del siglo XX —y no sólo en sus extremos totalitarios—, resultó desagradable tanto para el liberalismo clásico como también para el anarquismo. El Estado democrático moderno se transformó gradualmente en un estado deudor, dentro del espacio de un siglo en que hizo metástasis, para terminar convirtiéndose en un colosal monstruo- uno que respira y escupe dinero. 


Las desagradables verdades de un intelectual: Tony Judt y su última mirada al siglo XX | Pablo Moscoso


"Bueno, ya sabes, la reputación de Casandra es bastante conocida. No es tan malo luchar hasta el final para contar una verdad desagradable". Esta frase, que Tony Judt estampa en las últimas páginas, ayuda a entender el sentido de este libro improbable pero fantástico. En efecto, Pensar el siglo XX, es un libro extraño, difícil de catalogar. Mezcla "de historia, una biografía y un tratado de ética" –sí, esa cosa de la que ya pocos hablan–, discurre en forma de diálogo entre dos historiadores, Tony Judt y Timothy Snyder, académico de Yale especialista en Europa del Este. Probablemente hoy en día Tony Judt –un calvo de gafas que en la foto de la solapa se lo ve de lo más sonriente–, deba su fama más a la enfermedad neurológica degenerativa que lo paralizó hasta causarle la muerte, que a Postguerra, su obra monumental y definitiva.

Europa y el malestar en las ideas políticas | Mark Lilla





























I.

Leo Strauss señala, en algún lugar de sus escritos, que el problema judío viene a ser, de manera condensada, el problema político. Este señalamiento cargado de malicia llevaba el fin de invitar a dos tipos de reflexión. Uno, el más evidente, concierne al destino histórico de los judíos, desde las edades bíblicas, pasando por la diáspora y el establecimiento del Estado de Israel. El otro, menos evidente, se refiere a las luces que el judaísmo como hecho social arroja sobre nuestra comprensión más general de la política. Strauss tenía en mente lo que llamó el "problema teológico-político", que él veía como la tensión inevitable entre la autoridad política y la revelación. Sin embargo, el problema judío es importante también en otro sentido. Pues la forma en que las naciones o civilizaciones se las ven con la existencia de los judíos puede revelar, en ciertas coyunturas históricas, padecimientos políticos cuyas causas poco o nada tienen que ver con el judaísmo en sí. En ciertos periodos, el hecho de que se agudice el problema judío no es más que el síntoma de un malestar más profundo en la vida y las ideas políticas.

Una nación entre muchas. Entrevista al historiador Thomas Bender | Andrés Hax


A los estadounidenses les encanta el béisbol. Y les encanta, además, mirar el béisbol como un repositorio de sus mitos y valores. Pero podemos dar vuelta el espejo y usar el béisbol para entender también, desde afuera, a los estadounidenses. Hay un punto específico que ilustra su aislamiento existencial del resto del mundo. En octubre de cada año se juega el final del campeonato de las grandes ligas. Se llama The World Series, o, La serie mundial. Y el equipo que gana se designa como el campeón del mundo. O sea, de un deporte marginal, mundialmente hablando, y de un campeonato local, se corona un Campeón del Mundo. Este misma mentalidad, llevada a un plano nacionalista e historiográfico, ha creado la idea del excepcionalismo norteamericano. En síntesis esta teoría afirma que los Estados Unidos es completamente distinto de todas las otras naciones del planeta; que la revolución de 1776 creó un país con características que nunca se habían visto en la civilización humana. Un libro de Thomas Bender –un historiador de la Universidad de Nueva York– recien publicado en la Argentina reescribe la historia de los Estados Unidos en contra de la idea del excepcionalismo. A pesar de su tesis revisionista, Historia de los Estados Unidos, una nación entre naciones sirve como una muy buena introducción general a la historia de los EE.UU. Bender nos atendió por teléfono desde Nueva York. En la desgrabación de sus respuestas hemos dejado las palabras “americanos” y “América” para designar a los estadounidenses y su país, ya que son las palabras que usó el profesor.

Decadencia | Cristián Warnken

El país necesita aire nuevo, ideas, líderes, visionarios a quienes admirar. El panorama no puede ser más sorprendente: un país con buenas cifras macroeconómicas, pero sin una política (en el sentido más noble y esencial del término) a la altura de los desafíos. Los economistas más reductivistas, a estas alturas, tendrán que ser humildes y reconocer hidalgamente que no basta con tener buenas cifras para que un país sea viable. Lo mejor de Chile, de su historia, lo que nos da identidad y todavía nos provoca orgullo no nació porque alguien pensó desde una calculadora o un focus group lo que había que hacer. Ningún país se construye sólo desde el pensar calculante ni la pura gestión.

El desinfle del año después | Alfredo Jocelyn-Holt

¿Por qué fracasan o terminan diluyéndose los llamados movimientos sociales? La literatura especializada avanza algunas pistas. Lo más obvio es que se les reprima, aunque no es recomendable (es torpe, es seguirles su propio juego), amén de sucio y de consecuencias insospechadas. Puede que incluso tengan cierto éxito, pero pierdan novedad a costa de ello mismo, o basta que se les “coopte”; sea que sus dirigentes se “aguatonen”, fraccionen o no falte quién los compre (todo en este mundo tiene su precio, plata hay). A menudo, simplemente, se diluyen; entre tanta moda bien pensante, políticamente correcta (sobran las “víctimas”), puede que terminen por cansar. El tiempo, además, siempre hace lo suyo (olvida), y en épocas “light” como la nuestra es posible que se les deseche o “liquide”. En efecto, no es implausible que “modelo” y “establishment” gocen de mejor salud que lo que se presume.


Querido maldito editor | Juan Cruz

La correspondencia que durante cerca de treinta años (desde 1961 a 1988) mantuvieron el editor alemán Sigfried Unseld (Suhrkampf) y el escritor austriaco Thomas Bernhard (el autor de Trastorno) contiene un resumen atosigante del infierno en que se puede convertir la parte de atrás de los libros, lo que no se ve de los autores, lo que no se conoce de los editores. La propia editorial Surkampf, años después de la muerte de editor y autor (Unseld murió en octubre de 2002, Bernhard falleció en febrero de 1989), decidió publicar esas cartas (y telegramas, el último es de Unseld: “No puedo más”) junto con notas del propio editor en las que en algún momento resume su impresión de Bernhard: es “un chantajista”.

Por un cambio de rumbo en la política europea | Jurgen Habermas, Peter Bofinger, Julian Nida-Rümelin


La crisis del euro refleja el fracaso de una política carente de perspectiva. Al Gobierno alemán le falta el valor para superar un status quo que se ha hecho insostenible. Esa es la causa de que, a pesar de amplios programas de rescate y cumbres sobre la crisis que a estas alturas ya son casi incontables, la situación de la Eurozona haya empeorado continuamente a lo largo de los dos últimos años. Sobre Grecia, tras la debacle económica, pende la amenaza de la salida del euro, que iría vinculada a una imprevisible reacción en cadena en el resto de los Estados miembros. Italia, España y Portugal han caído en una grave recesión que constantemente empuja al alza el paro. El desfavorable desarrollo coyuntural de los países con problemas empeora la situación —de todos modos inestable— de la banca, y la creciente inseguridad respecto al futuro de la unión monetaria hace que los prestamistas cada vez sean más reacios a conceder crédito a los países con problemas. Los intereses crecientes de la deuda pública, pero también la difícil situación económica, dificultan a su vez los procesos de consolidación, que en cualquier caso no son sencillos.

La brújula de los sin brújula | Alfredo Jocelyn-Holt

No hace mucho, un historiador amigo me preguntaba si sabía de algún libro que tratara lo que ocurrió entre 1998 y 2003, entre la detención de Pinochet y la reapertura de Morandé 80. No existe lo que anda buscando. Esas típicas crónicas sobre la “transición”, fin de la dictadura y triunfo de la Concertación, dejaron de publicarse. Quienes las escribían se van al gobierno o terminan en la empresa privada (es que estuvieron en el gobierno). Sus contactos e informantes pasan a ser “clientes”, y como que todo se “enreda” (el término es de Eugenio García). De haber sido alguna vez periodistas, publicistas o sociólogos, de repente pasan a ser “asesores”, “consultores” o “algo así”, “algo por el estilo” (que es como Eugenio Tironi se identifica en Twitter).

El primer baile de las furias | Pablo Riquelme Richeda

En agosto de 1914, cinco semanas después del asesinato de Francisco Fernando en Sarajevo, el coronel Edward House, de gira en Europa como enviado del Presidente estadounidense Woodrow Wilson, escribió al mandatario: “La situación es increíble. Hay un militarismo enloquecido. A menos que alguien que actúe en su nombre consiga traer otra manera de pensar, acabará produciéndose un terrible cataclismo. Hay demasiados odios y demasiados antagonismos”.