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7 ago 2012

La Presidenta Bachelet ¿viene del frío? | Alfredo Jocelyn-Holt

En una reciente entrevista, Michelle Bachelet confesó que sus dos libros favoritos eran, en género de “no ficción”, Los idus de marzo, de Thornton Wilder (porque “las cartas de Julio César muestran que hace mucho tiempo existían las mismas batallas por el poder”), y, en el género de “ficción”, La gente de Smiley, de John le Carré. Dado el impenetrable hermetismo que se le atribuye a la Presidenta, este sinceramiento es, quizás, iluminador. 


El libro de Wilder es una recopilación de cartas que circulan justo antes de la muerte del César, escritas por el Dictador y quienes complotan para asesinarlo, pero éstas no son auténticas: se trata de una magnífica novela histórica. Infiero, por lo tanto, que Bachelet estaría confundiendo realidad con ficción. Un pecado venial; los políticos están convencidos de que el poder es siempre real. Ellos literalmente se creen el “cuento”. Hace poco se supo cuán impresionada habría quedado al leer La Silla del Águila de Carlos Fuentes, novela epistolar y de intriga política en torno a una sucesión presidencial mejicana. 

8 may 2012

Enrique Lihn, suma de curiosidades | Alvaro Matus

En pocos artistas el rechazo a lo establecido y el deseo incesante de jugar se conjugan con tanta fuerza como en Enrique Lihn. A contrapelo del mesianismo de Neruda y del cálculo de Parra, el autor de La pieza oscura desarrolló una obra múltiple que sigue contagiando a las nuevas generaciones. Ahora mismo, junto a la publicación de La aparición de la virgen y otros poemas políticos, se está desarrollando una muestra en la biblioteca de la Universidad Diego Portales que da cuenta de su faceta como poeta, dibujante, narrador, actor y crítico ya no sólo de arte y literatura, sino que de “crítico de la vida”, como apuntara Germán Marín.

2 ene 2012

¿Deben separarse Reino Unido y la Unión Europea? | Timothy Garton Ash

Si va por una carretera y ve que se bifurca, ¡siga adelante! Gran Bretaña lleva 60 años siguiendo el consejo de Yogi Berra en sus relaciones con Europa. Pero, al terminar 2011, la pregunta es: ¿puede seguir tomando las dos carreteras al mismo tiempo? Si no, ¿cuál debe escoger?
En el debate británico actual, existe una postura euroescéptica minoritaria que puedo respetar, aunque esté totalmente en desacuerdo con ella, y una postura euroescéptica mayoritaria que no puedo respetar, porque se basa en el autoengaño.

1 dic 2011

‹‹El desencanto no es una razón para no querer cambiar el mundo›› | Entrevista a Claudio Magris por Carlos Aguilera (ABC)

Encuentro a Claudio Magris en la universidad y nos vamos al San Marcos, el café donde comienza precisamente uno de sus mejores libros: «Microcosmos». Allí, il professore, como todos le llaman en Trieste, tiene reservada una mesa que se conserva invariablemente vacía hasta que éste, a cualquier hora del día, llega, se sienta y trabaja. Los camareros lo saludan y le traen aceitunas, café, pan. Él devuelve el saludo y me invita. Por cada pregunta que hago, Magris estira la mano y coge una aceituna. Una pregunta, una aceituna, me dice. Las aceitunas son como la vida, vuelve a decirme: si las exprimes mucho, se secan. Y sonríe.

1 ago 2011

Venezuela sin Chávez | Moisés Naím

La mitad de la población venezolana tiene menos de 25 años. Esto significa que la mitad del país no ha conocido un líder distinto de Hugo Chávez, el jefe de Estado del hemisferio occidental que más tiempo lleva en el poder -12 años-. Chávez ha dejado claro que será candidato en las elecciones presidenciales de 2012, que su victoria es inexorable y que aspira a seguir mandando hasta 2031. Ahora, repentinamente, el cáncer amenaza estos planes.

La naturaleza exacta de la enfermedad de Chávez es un secreto, pero él mismo ha dado a entender que es grave. Esto ha desatado en Venezuela un conflicto político tan encarnizado como soterrado. No entre sus partidarios y la oposición, sino entre las distintas facciones del chavismo que lucharán por sucederlo en caso de que el comandante salga de la jugada. Estas pugnas son aún silenciosas porque los protagonistas se cuidan mucho de mostrar sus apetencias: es peligroso que Chávez los descubra maniobrando para reemplazarlo.

2 jul 2011

Gracias, Federico Sánchez | Claudio Magris

La escritura -la verdadera escritura, que de uno u otro modo mira siempre a la cara a la Medusa- es como el rostro de Jano, bifronte: mira a la vida y, con igual necesidad, a la muerte. Son muy pocos los escritores que, como Jorge Semprún, obligan a ajustar cuentas con esta descarnada verdad. La escritura sustrae del oscuro, obtuso y necesario impulso de vivir en cualquier caso, aunque se haya pasado a través del infierno del lager. La escritura, ha dicho Semprún en un diálogo con Elie Wiesel, "me encierra en la muerte asfixiándome"; lo envuelve de nuevo en aquel "extraño olor" a carne quemada que salía de la chimenea de Buchenwald. Ese olor es la muerte, que Jorge Semprún ha afrontado y atravesado con indomable coraje por amor a la libertad de todos. Para continuar viviendo, quien ha regresado tiene también en parte que olvidarlo; tiene que actuar, pensar, amar, luchar como si aquel hedor no se hubiese quedado para siempre en su sentido del olfato, como si su mirada no conservase para siempre las imágenes del horror del lager. Pero ese impávido combatiente por la humanidad que es Semprún solo puede continuar viviendo si continúa hablando también en nombre de quien, a diferencia de él, no ha regresado del infierno del lager y no puede hablar: "No puedo vivir si no me hago cargo de esa muerte a través de la escritura, pero la escritura me impide literalmente vivir".

1 jul 2011

La construcción de la verdad. Diálogo con Gianni Vattimo | Hector Pavon (Revista Ñ)

En su libro “Adiós a la verdad” dice que la cultura actual se ha despedido de la verdad. ¿Es realmente una mala noticia?

Yo sostengo que hay algo bueno en el sentido de que, si llamamos verdad a la intuición inmediata de los principios primeros de los que todo depende, el hecho de no tener más la ilusión de lo que es la verdad, es casi como decir adiós a la violencia. ¿Me comprende? Casi todas las violencias históricas más graves no se limitan a ser reacciones emotivas de uno. Hitler no fue alguien que odiaba simplemente a los judíos. Encontró una teoría general que estableció: necesitamos matar a los judíos. Lo que significa que en la violencia histórica siempre hay un plus de carga teórica. Empezando por esa frase que se le atribuye a Aristóteles: soy amigo de Platón pero soy más amigo de la verdad.

23 nov 2010

La Universidad de Chile: Qué. Cómo, Para Qué | Joaquín Trujillo

Estimados amigos presentes:

Un grupo de estudiantes procedentes de distintas Facultades de la Universidad de Chile ha incitado esta reunión en la convicción que es necesario pensar nuestra casa de estudios.

Así quienes nos acompañarán hoy y mañana nos hablarán del pasado, presente y futuro de nuestra Universidad desde sus diversos campos de conocimiento y concretas experiencias personales.


Hemos propuesto las preguntas qué, cómo y para qué la Universidad de Chile. Obviamente pueden haber mejores preguntas para conseguir todavía mejores respuestas.


Por nuestra parte, queremos abrir esta instancia con una provocación al efecto de estimular las preguntas.


Poincaré decía que no hay sistemas de medición falsos ni verdaderos, sino unos más “cómodos” que otros. Lo mismo puede decirse acerca de la actividad universitaria, pero al revés. Que una universidad sea una verdadera universidad dependerá de que en ella se realice una actividad incómoda a los lugares comunes. Una universidad que se dedica exclusivamente a prestar servicios (a la empresa, a la fe, a la política, o al estado), se vuelve servicial y posiblemente servil a sus benefactores. Servil a lo particular.


Hay una vieja construcción histórica que ha cumplido la función de intermediar las relaciones entre particulares: la de la cosa pública, que a todos pertenece y a ninguno exclusivamente. A las cosas públicas se les puede perdonar su ausencia de sentido preciso e inmediato. Una universidad está entre estos lugares profanos, pero a la vez sagrados.


Pensemos en una fábula: Un gobernante resguarda la libertad de cátedra de uno de los profesores que imparten clases en la universidad bajo su protección. El profesor es tan incómodo que hasta el mismísimo Papa de Roma pide al gobernante que censure a este profesor. El gobernante se niega, está decidido a que su universidad sea distinta de un convento, no porque menosprecie los conventos, sino porque aprecia lo que de específico hay en cada cosa. El Papa le envía reliquias a fin de convencerlo. No lo logra. A continuación lo amenaza, sin lograr efecto alguno. El Papa recurre al emperador quien le da su favor al pontífice. El profesor y su señor están solos contra los grandes poderes de la época. Finalmente, se propone que todos se reúnan para que el profesor explique sus incómodas palabras. Entonces el gobernante recuerda que hace casi cien años se había tendido una trampa semejante a un profesor de una universidad extranjera quien había sido finalmente quemado en la hoguera.


Para salvarlo, lo secuestra. Lo traslada a un castillo donde el profesor dispone de una oficina en la cual puede efectuar la investigación que hace tiempo quería emprender. El profesor traduce, escribe libros y artículos.


El profesor se llama Martín Lutero, la Universidad es la de Wittenberg, el gobernante es el Príncipe Elector de Sajonia Federico III, el papa es el papa, el emperador es Carlos V. Y esta fábula tiene medio milenio de antigüedad, y, como se ve, se inspiró en una fábula universitaria anterior que no tenía un final feliz.


Como Lutero no es precisamente santo de mi devoción, creo necesario desvestir a este santo para vestir a Federico III, quien al final de cuenta si entendió el valor específico de la Universidad, valor que seguramente Lutero entendió menos pese a haber sido él el mal ejemplo que nos ha proporcionado este ejemplo.


Y por eso, cuando cuidamos una universidad cuidamos a la gente incómoda, a la gente rara, a los extravagantes, esos que piensan las futuras verdades que generalmente son nuestros actuales e inservibles  errores.


Si no tenemos a un Federico III, nos tenemos a nosotros; y si no tenemos a un Lutero es porque no sabemos qué “diablos” tenemos.


Lo que de lugar común hay en todo esta reflexión se debe a que algunos lugares comunes son cómodas verdades que en algún momento fueron incómodas falsedades. Para decirlo en palabras de Torretti: “No son datos: son logros”.


Con todo, esta perspectiva de la incomodidad no puede definir enteramente el carácter específico al cual se ha hecho referencia. Y es que en las verdaderas universidades se logra esencialmente algo aparentemente distinto, algo factible de ser comprendido como una suerte de adopción tardía, una filiación a través de una manipulación libertaria. Se trata de que un ignorante sometido a una manipulación constante llega a despreciar lo que en él hay de vulgar, llega a intuir ignorantemente el deber y hasta el placer de la instrucción, de la conversión de sí mismo gracias a sus maestros: la elección de unos segundos padres. Por eso una universidad donde no tenemos la alternativa de elegir quien será nuestro maestro es un lugar donde nos obligan nuevamente a ser hijos que no han podido elegir quiénes serán sus guardianes, aun cuando elegir sea en ese momento el salto al vacío de un ignorante, el cual, pese a todo, se siente impulsado a abandonar su calidad de tal. No hay mejor manera que dejar de ser ignorante haciéndose responsable de ello. Pues bien, en definitiva, este ignorante está amargado de ser quien es. Su incomodidad lo salvará de sí mismo, y hará de él otro y el mismo. No se trata de matar al padre, sino de elegirlo o de creer que se lo elige, que es una manera de servirse de los propios aunque escasos recursos. Quien no está incómodo no se reacomoda. Y por eso, debe haber un espacio para la comodidad.


¿Qué hay de las comodidades mínimas que un docente necesita para desarrollar su trabajo? Hasta ahora se ha dicho que la Universidad debe ser incómoda a la humanidad, y que además debe lograr incomodar a los hijos ajenos para, paradójicamente, acogerlos como propios, que es su manera propia de reproducirse en el tiempo humano. Peso si los maestros en ella no se sienten a gusto, ¿podrá la incomodidad ser tan definitiva?


Hay una comodidad llamada la dignidad en el trabajo. La carencia de esta comodidad es distractiva tal como el exceso de comodidad  induce a la distracción. Esta comodidad es amiga de la verdad porque sólo se puede detener a discernir la verdad quien no es incomodado por las vulgaridades que persiguen a la pobreza y las que persigue la riqueza. En este sentido la comodidad y la verdad van juntas pues de alguna manera la primera sostiene a la segunda, si bien, como ya se ha insistido, quien no recibe el estímulo incómodo no piensa nunca más allá de sí, no se vence a sí mismo. Hacer de esta incomodidad la comodidad de una institución es hacer de una grieta en la pared una (falsa o verdadera) puerta.


Finalmente, sólo la cosa pública puede reportar esta comodidad mínima a la Universidad para que en ello no se pongan en juego las incomodidades valiosas. Porque la cosa pública es un lugar históricamente llamado a evitar los fines inmediatos, esos que competen a los cortos y medianos plazos.


Y para volver a los servicios de Poincaré. Sí hay una manera de medir qué tan verdadera está siendo una universidad. Esa verdad puede ser muy incómoda si estamos dispuestos a enfrentarla, o dejarnos en la ignorancia si queremos conservar nuestra comodidad.
Joaquín Trujillo Silva

Discurso de apertura del Encuentro “La Universidad de Chile: Qué. Cómo, Para Qué”.
Facultad de Derecho Universidad de Chile. 12 de Octubre de 2010 

13 ago 2010

Entrevista al historiador Alfredo Jocelyn-Holt | Cristián Warnken


El historiador Alfredo Jocelyn-Holt es interpelado para analizar la historia política chilena en los siglos XIX y XX. ¿Existió alguna vez un Chile republicano, laico y liberal? ¿Hay motivos para celebrar la reforma agraria o ésta fue un desacierto histórico? ¿Debe la Iglesia opinar sobre economía y política?


Vea la entrevista completa en: http://www.otrocanal.cl/#video=539

22 jul 2010

El Indulto en Chile: hiperpresidencialismo y contradicción constitucional | Nicolás Ocaranza


El indulto presidencial es una facultad constitucional del Presidente de la República por la cual se remite total o parcialmente un delito, se conmuta una pena o se exime de una responsabilidad a aquellas personas que han sido sentenciadas conforme a la resolución de los jueces y Tribunales en un debido proceso. Aún cuando el indulto no elimina el carácter de condenado de un individuo, puesto que sólo modifica la pena del beneficiado, contradice uno de los principios fundamentales de una Constitución republicana: la separación de los poderes del Estado. Esta “atribución judicial” excepcional del presidente de la República, no sólo es un fiel ejemplo del desmedido presidencialismo que rige a nuestro sistema político actual, sino que es una muestra más de la interferencia del poder Ejecutivo en las resoluciones del poder Judicial, y una evidente contradicción con el artículo 76 de la Constitución.
En países donde existe la pena de muerte, el indulto se ha utilizado invocando el derecho a la vida, o bien, por razones humanitarias. Sin embargo, en Chile la pena de muerte fue derogada el año 2001, por lo cual, la utilización sistemática del indulto durante los dos últimos gobiernos de la Concertación (305 personas indultadas) no ha obedecido a esos criterios, sino más bien a la voluntad particular de cada mandatario que se ha amparado en el carácter “confidencial” de esta atribución. Este carácter secreto impide a la ciudadanía conocer los criterios éticos, jurídicos y políticos por los que un mandatario concede el indulto a un individuo ya condenado por la Justicia, y deja una serie de dudas sobre la transparencia del proceso que lo concede y varios cuestionamientos a la arbitrariedad de esta facultad presidencial.
Junto a esto, el intenso lobby realizado por algunos representantes de las iglesias católica y evangélica, interviniendo en un tema que debiera ser de absoluta competencia de los Tribunales, es otro aspecto a considerar en este nuevo affaire político. Una democracia sana no sólo debe promover una serie de mecanismos de frenos y contrapesos al poder, sino que también debe garantizar una genuina independencia entre la esfera política, las instituciones religiosas y las corporaciones privadas.
Para que en un Estado de Derecho prime la división de poderes es necesario que la función jurisdiccional sea una potestad particular del poder Judicial sin concesiones excepcionales al Ejecutivo o al Legislativo. Sin embargo, esta es una premisa que las reformas a la Constitución de 1980 -elaboradas durante el gobierno de Ricardo Lagos- pasaron por alto, al continuar legitimando la hipertrofia presidencial.

Resulta urgente, entonces, iniciar un debate público sobre la real necesidad de esta atribución presidencial, advirtiendo la evidente contradicción entre esta facultad constitucional –más propia de una Monarquía que de una República democrática- y el principio constitucional que establece la separación de los poderes públicos. En una coyuntura en la cual podrían ser indultados individuos involucrados en violaciones a los Derechos Humanos, se vuelve aún más necesario intentar regular o derogar esta figura jurídica, más aún si el criterio que la anima no es la justicia sino una equívoca razón política.