30 abr. 2011

Entrevista a Gonzalo Rojas, poeta chileno | Agustín Scarpelli (Revista Ñ)

Ese viaje estuvo signado por dos casualidades. En apenas tres días de estadía me encontré, en una esquina cualquiera, con la única persona que conocía (ese conocer que amerita un encuentro) en todo Santiago de Chile, y a quien le había escrito un e-mail hacía apenas diez minutos después de tres años sin hacerlo. La segunda persona con la que me encontré era un desconocido. Pero ¿cómo encontrar a un desconocido o, en todo caso, qué es lo que se encuentra en un desconocido? El hombre acababa de arribar al acogedor Hotel Olry y estaba asistido por un joven que parecía tenerle más cariño que respeto. Nos separaba el cristal de la ventana interna que divide el lobby del restaurante y, por su pequeña estatura, ni siquiera podía verlo de cuerpo entero. Sólo la nuca, una papada en la nuca; podía escucharse, además, el eco de una voz ronca y jovial que atravesaba el vidrio con dificultad. Era perceptible, además, cierta parsimonia en sus movimientos.

21 abr. 2011

Los cuatro jinetes de la depresión | Pablo Moscoso

En uno de los últimos diálogos de la película El huevo de la serpiente, Ingmar Bergman lanzó, a través de la voz del profesor Vergérus, un fascista empedernido, su nefasta profecía sobre la Alemania nazi: "Y entonces habrá una revolución, y nuestro mundo se hundirá en sangre y fuego. En 10 años, no más". Amparado en la claridad que a veces otorga el transcurrir del tiempo, retrató de forma magistral la Europa del período de entreguerras, la década del 20.

Justamente sobre la historia de ese naufragio vuelve Los señores de las finanzas, de Liaquat Ahamed, un consultor de inversiones con una notable e inaudita disposición narrativa e historiográfica. El libro es el relato de lo que en su momento se consideró el apocalipsis de la sociedad occidental, la Gran Depresión. Manejando un marco temporal que discurre entre los inicios de la Primera Guerra Mundial y las postrimerías de la década del 40, Ahamed narra la historia de la Gran Depresión "por encima de los hombros" de aquellos individuos que dirigían los bancos centrales más importantes del mundo al momento de estallar la crisis.

18 abr. 2011

Una superposición fantasmagórica | Joaquín Trujillo



Los seres humanos comunes ven una iglesia donde efectivamente hay una iglesia. Dependiendo de su forma de observar —de su disciplina—, la gente especializada realza algunos elementos: el arquitecto, el sacerdote y el ingeniero en esa misma cosa ven con cierta exclusividad: cada uno identifica una presencia poderosa palpitante propia de su respectivo tema o motivo, su fantasma. Hablo aquí, obviamente, de tipos ideales cuya ocupación no excluye a las demás.
Ahora bien, el historiador superpone esos fantasmas. Donde efectivamente hay una iglesia, seguramente verá una antigua iglesia ya demolida, y en el mismo lugar ocupado fantasmagóricamente por esa iglesia demolida podrá ver una antigua casa de cuyos cimientos apenas quedan registros, y si va más allá, acaso sepa de un cementerio primitivo, sin creer, por supuesto, que el cementerio es lo único que efectivamente hay y que, por lo tanto, no es una fantasmagoría sino una locación fantasmal (en ese burdo sentido de los espiritistas, que, por supuesto, es el contrario al de fantasmagoría). Así, en la monumental y maciza catedral de Nôtre Dame de Paris, se sabe la presencia fantasmagórica de la antigua Basílica de Saint-Etienne, echa demoler en el 1116 por el Obispo de París, y antes de ella, la del templo dedicado a Júpiter, e incluso la del altar celta que ese templo romano aplastó. Todos esos lugares están fantasmagóricamente superpuestos en la mente del historiador, en la mente de ese médium por el que mejor sabe canalizarse la antología de las experiencias humanas.