Probablemente, cuando en 1835 Alexis de Tocqueville señaló que nada le había sorprendido "tanto como la igualdad de condiciones" que imperaba en Estados Unidos, difícilmente pudo imaginar que tal anhelo de equidad desembocaría, un cuarto de siglo después, en una de las guerras más cruentas de la época moderna, un Guernica en los solares del siglo XIX.
Entre estruendos y humaredas estalló en Fort Sumter, un 12 de abril de 1861, el cúmulo de tensiones que por décadas había tendido una cortina divisoria en ese país, y que enfrentó a los estados del sur, agrícolas y algodoneros, con la pujanza industrial y acerera del norte. Dos mundos disímiles que, finalmente, luchaban por la pervivencia o extirpación de la esclavitud. El resultado lo conocemos: tras cuatro años de sangrienta lucha, los sureños de la Confederación fueron derrota- dos, se restableció la unión y la esclavitud fue eliminada de todo el territorio norteamericano.
