El título del nuevo ensayo de Ian Buruma (Holanda, 1951) parece el de una novela policiaca. (Mario Vargas Llosa ya escribió en un artículo en El País que se trataba de “un libro que se lee como una novela de suspenso”.) Pero a diferencia del método detectivesco, en el que la investigación está encaminada a averiguar quién ha cometido el crimen a través de diferentes pistas e hipotéticos móviles, lo que hace Buruma es, una vez conocida la identidad del criminal, tratar de hallar las causas por las que cometió el crimen: el asesinato de Theo van Gogh. Las causas. Debo decir que ese método de trabajo dispara en mí todas las alarmas. Porque cuando el propósito es encontrar las causas, acaban encontrándose. Y cuando se encuentran las causas, se ha dado el primer paso para justificarlas.
A diferencia de los textos que todos podemos leer de Ayaan Hirsi Ali, a quien estaba realmente dirigida la carta; o a diferencia de las películas y de los textos de Theo van Gogh que todos podemos leer o ver, el texto fundamental de Bouyeri no lo podemos leer. No estaba destinado a reforzar el debate intelectual sobre la libertad o sobre la conciencia crítica o sobre el islam, sino se trataba de una amenaza: tú serás la siguiente.