5 nov. 2012

La sociedad de los iguales | Entrevista a Pierre Rosanvallon (José María Ridao)


Con La sociedad de los iguales (RBA), el pensador Pierre Rosanvallon (Blois, 1948) propone recuperar el papel central que la igualdad tuvo en la teoría y la práctica políticas hasta finales del siglo XX. Rosanvallon ocupa desde 2001 la cátedra de Historia de la política moderna y contemporánea en el Collège de France y, al tiempo, es director de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales. Intelectual afín al Partido Socialista francés y obsesionado por las formas de repensar la democracia —no en vano a este fin creó en 2002 un “taller intelectual” denominado La República de las Ideas—, en su nueva obra aborda cómo la caída del sistema comunista, por un lado, y la revolución conservadora encabezada por Margaret Thatcher y Ronald Reagan, por otro, desplazaron el centro de interés hacia la eficiencia en la gestión económica, que se identificó con el funcionamiento de los mercados desregulados. La abundancia que se generaría haría irrelevante la preocupación por la igualdad.

No es que fallen, mienten | Alfredo Jocelyn-Holt

Inducen a error. Cómo serán de dudosas las encuestas que en inglés (en cuyos mundos parlantes éstas se han desarrollado más) se usa el mismo término “polls” para referirse tanto a votos legítimamente emitidos y en urnas como, intencional el equívoco, a estas otras mediciones pitonisas. Según J. B. Priestley, el dramaturgo inglés, son pueriles; “los sondeos de opinión son como los niños en el jardín, excavan cosas todo el tiempo para ver cómo están creciendo”.

“Las redes sociales no harán la revolución” | Entrevista al antropólogo Marc Augé (Mónica Andrade)


Futuro es el título del libro de Marc Augé que Adriana Hidalgo Editora acaba de publicar en la Argentina. Allí, el antropólogo francés ofrece una visión menos pesimista de lo que cabría esperar en estos “convulsos tiempos de crisis” y propone el modelo científico como única vía para construir una sociedad en la que la meta sea el conocimiento. Augé conjuga ciencia y futuro para combatir los miedos que nos atenazan y nos hacen vivir en un eterno presente. 


Después de acuñar términos como sobremodernidad y no lugar, defiende la búsqueda de la verdad para dominar el porvenir y dar sentido a la vida. 

Infatigable viajero por Africa y América Latina, vive ahora en París y da continuos saltos a Italia, donde ha publicado primero su última obra. Los avances tecnológicos, la construcción de la identidad individual y colectiva y el papel de la educación en el progreso de la humanidad son los ejes de la conversación que mantuvimos con él en el Jardin de Plantes parisino. Su pensamiento fluye entre breves disquisiciones mientras continúa interrogándose por las cuestiones fundamentales del hecho humano.

"La capucha es el rostro del pueblo" | Alfredo Jocelyn-Holt

La consigna que me sirve de título corresponde a un rayado callejero afuera de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile que quedara tras el paso de una de las tantas marchas estudiantiles a que se nos tiene acostumbrados. Seguramente proviene de la misma mano detrás de otros excesos verbales -“Somos la Jungla”, “Caos Sosial” (sic)- y de un sinnúmero de actos violentos por todos conocidos.


El que estos rayados anónimos se sitúen fuera del campus Beauchef podría hacernos pensar -seamos generosos- que quienes llaman a estas manifestaciones están exentos de responsabilidad. Así y todo, ¿también debemos librar de responsabilidad a la comunidad académica que acepta que se exhiban murales y “animitas”, de dudoso valor estético e ideológico, que ensalzan a estos “encapuchados” y a la vía armada (v. gr. una mujer-metralleta y un “con amor y rabia los recordaremos”) en el patio central de otro de los campus de la misma universidad? Aludo a la Facultad de Filosofía y Humanidades, en el campus Juan Gómez Millas.

Las razones del federalismo | Ramón Máiz


Hemos estado haciendo federalismo sin saberlo o sin decirlo durante demasiado tiempo. La apertura e indeterminación de la Constitución española de 1978, la autonomía como un principio dispositivo susceptible de muy diversas concreciones fue, sin duda, un gran acierto de la Transición. Otorgó un gran protagonismo a los actores (Gobiernos central y autónomos, partidos políticos) que permitió diversos ritmos y niveles de autogobierno. Sin embargo, esta inicial virtud devino en fuente de crecientes problemas y las mismas razones de su éxito original se convirtieron en fuente de innegables disfuncionalidades y recentralizaciones.

Hollywood y su impacto en Chile | Pablo Riquelme Richeda


“Cuando me vio, James Bond salió arrancando”, dijo en abril de 2008 Carlos López, alcalde de Sierra Gorda, tras ser detenido por irrumpir en un Honda Accord en el rodaje de 007: Quantum of Solace, protagonizada por Daniel Craig. El edil manifestó así su molestia porque la localidad antofagastina y sus habitantes aparecerían en la cinta no como chilenos, sino como bolivianos. Si esto hubiera ocurrido un siglo antes, probablemente habría formado parte del análisis que hace Fernando Purcell, director del Instituto de Historia UC, en ¡De película! Hollywood y su impacto en Chile 1910-1950.
El libro aborda la vertiginosa irrupción y consolidación del cine estadounidense en los inicios del siglo XX, poniendo especial atención a los mecanismos utilizados por Hollywood (“la más notable de las industrias culturales del siglo XX”) y el gobierno norteamericano -a través de los departamentos de Comercio y de Estado- para consolidar la hegemonía de su industria en detrimento del cine europeo.

8 oct. 2012

11-09-73: Entre Brasilia y La Habana | Pablo Riquelme Richeda

“Por distante y pequeño que sea –señalaba en 1974 un informe clasificado de la embajada estadounidense en Santiago–, Chile ha sido considerado desde hace algún tiempo y de forma general como una zona para llevar a cabo experimentos económicos y sociales. Ahora el país se encuentra, en cierto sentido, en la primera línea del conflicto ideológico mundial”. El mensaje, cuyo destinatario era el secretario de Estado Henry Kissinger, sintetiza el lugar al que había llegado Chile en el contexto de la Guerra Fría desde septiembre de 1970, cuando Allende ganó las elecciones presidenciales con un programa revolucionario que echaba por la borda la noción de que el socialismo nunca sería compatible dentro de un sistema democrático y que ofrecía un modelo de desarrollo que desafiaba abiertamente al sistema norteamericano. 

¿Cuál fue el impacto que tuvieron los actores internacionales en la política chilena durante los mil días de la Unidad Popular? ¿Qué tan relevante fue la “vía chilena al socialismo” en el contexto mundial de esos años y específicamente en el continente americano? Son las principales preguntas que se hace Tanya Harmer en Allende’s Chile and the Inter-American Cold War (El Chile de Allende y la guerra fría interamericana), un libro que amplía nuestra comprensión al aportar nuevos datos sobre lo que ya sabemos (que Estados Unidos boicoteó sostenidamente a Allende) y al incorporar nuevos actores en el análisis, básicamente Brasil y Cuba. Ambos países fueron fundamentales en lo sucedido en Chile a partir de 1970 y representan las fuerzas de choque de un conflicto continental que se zanjó acá.

El Presidente que volvió del frío | Pablo Riquelme Richeda



Fue su último mensaje: “Tumbado aquí, puedo sentir claramente la presencia del ángel de la muerte”. El 22 de noviembre de 2006, un día antes de entrar en coma y morir envenenado en un hospital londinense producto de una sustancia radiactiva llamada polonio 210 (sólo fabricada en Rusia), el disidente ruso y ex agente del KGB Alexánder Litvinenko –calvo, cadavérico e inmovilizado– acusó a quien consideraba responsable de su situación: “Puede que consiga callar a un hombre, pero el rumor de las protestas en todo el mundo reverberará en sus oídos, señor Putin, hasta el final de su vida. Que Dios le perdone lo que ha hecho, no sólo a mí sino a mi querida Rusia y a su pueblo”.

La democracia contra la democracia | Nicolás Ocaranza

La democracia es una noción compleja, polisémica, que se redefine constantemente según el devenir de la historia. Sin embargo, desde sus primeros vestigios atenienses hasta su reinvención bolivariana en Venezuela, no ha estado exenta de algunos monolíticos intentos de apropiación por parte de sus promotores.

Desde del siglo XVIII, existe en Europa, y particularmente en Francia, una tradición intelectual que se ha ocupado de analizar los desafíos democráticos en los diferentes contextos de cambio y continuidad en que se sitúan. Los enemigos íntimos de la democracia, obra de Tzvetan Todorov recientemente traducida al español, se inscribe en esta tradición crítica del pensamiento político conformada por autores franceses como Tocqueville, Aron, Furet, Lefort y Pierre Rosanvallon. 

Los silencios compartidos de Hobsbawm | Pablo Moscoso

Tony Judt, en un excelente ensayo de 2003, deslizó un par de juicios que ayudan a comprender el legado del recientemente fallecido historiador británico: “Eric Hobsbawm es el historiador con más talento natural de nuestro tiempo; pero, sin que nada turbara su descanso, de alguna manera ha ignorado el terror y la vergüenza de esta edad”.


Hobsbawm (y Judt) | Alfredo Jocelyn-Holt

No es que quiera parecer indolente, pero la muerte de historiadores, hasta la de los más ilustres, no es tan de lamentar como podría ser la de algún poeta, filósofo o artista. El propio Hobsbawm lo señalaba, y sobre sí mismo incluso, en Años interesantes. Una vida en el siglo XX, sus memorias. Consciente que figuraría en algún apartado o libro sobre la historia del marxismo o de la historiografía y cultura intelectual británica del siglo XX, no se hacía ilusiones más allá que eso. Si su nombre llegase a desaparecer, como fue el caso de las lápidas de sus padres en un cementerio de Viena -agregaba-, “no se produciría ninguna laguna en el relato de lo sucedido en la historia del siglo XX, ni en Gran Bretaña ni en ninguna parte”. Hobsbawm era escéptico y modesto. Lo último, en exceso; lo primero, comprensible dado el siglo de miéchica que le tocó (nos tocó) sobrevivir. Muy pocos otros lo han explicado así y tan bien como él.


Gran historiador, pésimo profeta | Santos Juliá

Decir Hobsbawm, para alguien interesado por la historia que se escribía hace medio siglo, era decir Grupo de historiadores marxistas británicos, una identificación que hoy puede sonar como un oxímoron elevado al cubo, pero que hacia 1950 marcó con su poderoso aliento la mejor, más ambiciosa y más fructífera, dirección de los estudios históricos. Y fue así, porque interesados en los grandes procesos de la historia, nadie en ese grupo sucumbió a la práctica de forzar la realidad para hacerla encajar en la teoría. Los historiadores marxistas británicos fueron, ante todo, herederos del empirical idiom, más que de la ortodoxia de la base y la superestructura; y por serlo, fueron magníficos escritores, gentes que sabían contar una historia.

El sueño ilustrado y el Estado-nación | José Álvarez Junco

Como culminación del proyecto ilustrado, hace poco más de dos siglos, Immanuel Kant especulaba sobre la desaparición futura de los Estados soberanos, las guerras y las fronteras, sustituido todo por una federación internacional de poderes que resolvería las disputas hasta conseguir implantar una “paz perpetua”. La paz, que no era el estado natural del hombre, sería la consecuencia del “progreso”, del imperio de la “razón” en el espinoso terreno de las relaciones entre los grupos humanos.

Cómo escribir la historia del capitalismo en Chile | Nicolás Ocaranza

La revolución capitalista de Chile (1973-2003) es una edición de la tesis doctoral que el historiador Manuel Gárate Chateau presentó a l‘EHESS de Paris. Se trata de un trabajo ambicioso pero muy bien logrado, cuyo principal objetivo es desentrañar la trayectoria del capitalismo en Chile entre los años 1973 y 2003.

La obra comienza con un análisis de la circulación y recepción de las teorías clásicas del liberalismo económico durante el siglo XIX, siguiendo con la instalación de un experimento neoliberal bajo el autoritarismo político de la dictadura militar, y concluyendo en la continuidad de una sociedad de mercado que se sustentó tanto en el pragmatismo como en un sistema de privatizaciones que transcendió las políticas económicas aplicadas por los seguidores chilenos de la Escuela de Chicago.

El precio de la desigualdad | Joseph Stiglitz

A los estadounidenses les gusta pensar en su país como una tierra de oportunidades, opinión que otros en buena medida comparten. Pero aunque es fácil pensar ejemplos de estadounidenses que subieron a la cima por sus propios medios, lo que en verdad cuenta son las estadísticas: ¿hasta qué punto las oportunidades que tendrá una persona a lo largo de su vida dependen de los ingresos y la educación de sus padres?
En la actualidad, estas cifras muestran que el sueño americano es un mito. Hoy hay menos igualdad de oportunidades en Estados Unidos que en Europa (y de hecho, menos que en cualquier país industrial avanzado del que tengamos datos). Esta es una de las razones por las que EE UU tiene el nivel de desigualdad más alto de cualquiera de los países avanzados. Y la distancia que lo separa de los demás no deja de crecer. Durante la "recuperación" de 2009 y 2010, el 1% de los estadounidenses con mayores ingresos se quedó con el 93% del aumento de la renta. Otros indicadores de desigualdad (como la riqueza, la salud y la expectativa de vida) son tan malos o incluso peores. Hay una clara tendencia a la concentración de ingresos y riqueza en la cima, al vaciamiento de las capas medias y a un aumento de la pobreza en el fondo.

La fascinación ante la guerra | Tzvetan Todorov

El verano de 2012, como el de 2011, ha estado sembrado de ecos de guerra, aunque en esta ocasión en un país árabe distinto, Siria, en vez de Libia. Y no son las fuerzas occidentales (las nuestras) las que aplastan al infame enemigo, sino que se trata de una guerra civil de la que, al menos en teoría, no somos más que meros espectadores. La impresión general que saco de mis aproximaciones veraniegas a los medios de comunicación es la de la fascinación ante el espectáculo bélico. Hay una frase que capta y, al mismo tiempo, encarna el estado de ánimo que caracteriza esos reportajes militares; es una frase de la prestigiosa periodista Florence Aubenas. Después de describir un convoy que se disponía a ponerse en marcha para combatir, añadía: “A los lados, los niños forman un pasillo de honor, deslumbrados, tan sobrecogidos de admiración que no osan acercarse a esos hombres”. Dado que la autora no se atreve a hacer ningún comentario sobre ese deslumbramiento infantil, que es una trágica consecuencia del conflicto, el resultado es que se nos está invitando a nosotros —tanto periodistas como lectores— a compartir esa experiencia de asombro.

A la izquierda del PC | Alfredo Jocelyn-Holt

Posicionarse más allá del PC puede que haya tenido algún sentido durante la Guerra Fría. De ese modo, se podía ser radical sin ser comunista; el beaterío político clerical socialcristiano podía coquetear con la revolución sin aparecer en tratativas con el Diablo, mientras que los “liberals” yanquis (la “New Left”) y otros bienpensantes pasaban también piola. Al final, sin embargo, todos, comunistas o no, fueron superados.


El poder en la era de las redes sociales | Manuel Castells

He dedicado los últimos años a analizar cómo se construyen las relaciones de poder en la sociedad moderna que llamo sociedad red. Empezaré diciendo que las relaciones de poder son los lazos fundacionales de la sociedad porque quienes tienen el poder definen las reglas y las normas sobre las cuales ésta se organiza.


Por tanto, entender cómo se forma el poder es entender la matriz, el código fuente de la sociedad. Naturalmente, hay distintas formas de poder y distintas articulaciones de poder. No hay una forma, un poder, sino una serie de relaciones de poder articuladas y, por tanto, donde hay poder siempre hay un contrapoder. Si tuviéramos que elegir una ley básica de las sociedades es que donde hay dominación hay resistencia a la dominación, donde hay poder hay contrapoder. Realmente la sociedad se construye con base en intentos constantes de dominación y sus contrapartes. En eso consiste la dinámica del cambio social, pues en cada momento lo que estamos viviendo son relaciones institucionales de dominación que persisten hasta que entran en conflicto con nuevas formas de resistencias a la dominación.

La traducción neutra no es una pipa | Marietta Gargatagli

José Salas Subirats tradujo el Ulises de Joyce entre 1940 y 1945, en la equívoca paz argentina de la Segunda Guerra Mundial, como si el escepticismo de ese tiempo encontrara la metáfora perfecta en el escepticismo de ese preciso y extraordinario libro. Es raro que la primera traducción de una obra clásica sea la definitiva, pero así fue. Lo mismo ocurrió con las primeras versiones de John Dos Passos, William Faulkner, Virginia Woolf o cierto Franz Kafka, los autores, junto con Joyce, que más influyeron en la mejor prosa del siglo XX. Podrán volver a traducirse, reproducir con ilusoria precisión matemática el original, rodearse de rotundos aparatos críticos, pero nada será parecido al encuentro inicial de esas escrituras con los escritores que entonces eran el porvenir, los de América.

Las tías de Chateaubriand | Joaquín Trujillo

Me acordé. Jorge Edwards contaba en Adios, Poeta que Pablo Neruda se burlaba de la Historia General de Chile. Decía que era “la historia de las tías”.

Como se ve, todo un insulto nobel, un supuesto ninguneo.

Contra esto hay que decir: por supuesto que es la historia de las tías. Ellas la han preservado, la han atesorado, la han defendido hasta en los asuntos más nimios. Barros Arana se queda sin lectores. Las tías así y todo no lo leen… precisamente porque saben qué dice pues son ellas sus protagonistas encubiertas.

5 sept. 2012

La mano que agarra | Peter Sloterdijk

Para dimensionar la magnitud sin precedentes que el Estado democrático moderno ha alcanzado en Europa, es necesario recordar el parentesco histórico entre dos movimientos que surgieron junto con tal Estado: el liberalismo clásico y el anarquismo. Ambos movimientos estaban motivados por la hipótesis errónea de que el mundo se dirigía hacia una era de debilitamiento del Estado. Mientras que el liberalismo quería un Estado mínimo que guiara a los ciudadanos de un modo casi imperceptible —permitiéndoles dedicarse a sus negocios en paz—, el anarquismo propendía la muerte total del Estado. Impulsaba a ambos movimientos una esperanza típica del siglo XIX europeo: que el saqueo del hombre por el hombre no tardaría en llegar a su fin. En el primer caso, esto resultaría de la eliminación de la explotación por parte de las clases improductivas, es decir, la abolición de la nobleza y el clero. En el segundo caso, la clave era reorganizar las clases sociales tradicionales en grupos pequeños que consumirían lo que ellas mismas producirían. Pero la historia política del siglo XX —y no sólo en sus extremos totalitarios—, resultó desagradable tanto para el liberalismo clásico como también para el anarquismo. El Estado democrático moderno se transformó gradualmente en un estado deudor, dentro del espacio de un siglo en que hizo metástasis, para terminar convirtiéndose en un colosal monstruo- uno que respira y escupe dinero. 


Las desagradables verdades de un intelectual: Tony Judt y su última mirada al siglo XX | Pablo Moscoso


"Bueno, ya sabes, la reputación de Casandra es bastante conocida. No es tan malo luchar hasta el final para contar una verdad desagradable". Esta frase, que Tony Judt estampa en las últimas páginas, ayuda a entender el sentido de este libro improbable pero fantástico. En efecto, Pensar el siglo XX, es un libro extraño, difícil de catalogar. Mezcla "de historia, una biografía y un tratado de ética" –sí, esa cosa de la que ya pocos hablan–, discurre en forma de diálogo entre dos historiadores, Tony Judt y Timothy Snyder, académico de Yale especialista en Europa del Este. Probablemente hoy en día Tony Judt –un calvo de gafas que en la foto de la solapa se lo ve de lo más sonriente–, deba su fama más a la enfermedad neurológica degenerativa que lo paralizó hasta causarle la muerte, que a Postguerra, su obra monumental y definitiva.

Europa y el malestar en las ideas políticas | Mark Lilla





























I.

Leo Strauss señala, en algún lugar de sus escritos, que el problema judío viene a ser, de manera condensada, el problema político. Este señalamiento cargado de malicia llevaba el fin de invitar a dos tipos de reflexión. Uno, el más evidente, concierne al destino histórico de los judíos, desde las edades bíblicas, pasando por la diáspora y el establecimiento del Estado de Israel. El otro, menos evidente, se refiere a las luces que el judaísmo como hecho social arroja sobre nuestra comprensión más general de la política. Strauss tenía en mente lo que llamó el "problema teológico-político", que él veía como la tensión inevitable entre la autoridad política y la revelación. Sin embargo, el problema judío es importante también en otro sentido. Pues la forma en que las naciones o civilizaciones se las ven con la existencia de los judíos puede revelar, en ciertas coyunturas históricas, padecimientos políticos cuyas causas poco o nada tienen que ver con el judaísmo en sí. En ciertos periodos, el hecho de que se agudice el problema judío no es más que el síntoma de un malestar más profundo en la vida y las ideas políticas.

Una nación entre muchas. Entrevista al historiador Thomas Bender | Andrés Hax


A los estadounidenses les encanta el béisbol. Y les encanta, además, mirar el béisbol como un repositorio de sus mitos y valores. Pero podemos dar vuelta el espejo y usar el béisbol para entender también, desde afuera, a los estadounidenses. Hay un punto específico que ilustra su aislamiento existencial del resto del mundo. En octubre de cada año se juega el final del campeonato de las grandes ligas. Se llama The World Series, o, La serie mundial. Y el equipo que gana se designa como el campeón del mundo. O sea, de un deporte marginal, mundialmente hablando, y de un campeonato local, se corona un Campeón del Mundo. Este misma mentalidad, llevada a un plano nacionalista e historiográfico, ha creado la idea del excepcionalismo norteamericano. En síntesis esta teoría afirma que los Estados Unidos es completamente distinto de todas las otras naciones del planeta; que la revolución de 1776 creó un país con características que nunca se habían visto en la civilización humana. Un libro de Thomas Bender –un historiador de la Universidad de Nueva York– recien publicado en la Argentina reescribe la historia de los Estados Unidos en contra de la idea del excepcionalismo. A pesar de su tesis revisionista, Historia de los Estados Unidos, una nación entre naciones sirve como una muy buena introducción general a la historia de los EE.UU. Bender nos atendió por teléfono desde Nueva York. En la desgrabación de sus respuestas hemos dejado las palabras “americanos” y “América” para designar a los estadounidenses y su país, ya que son las palabras que usó el profesor.

Decadencia | Cristián Warnken

El país necesita aire nuevo, ideas, líderes, visionarios a quienes admirar. El panorama no puede ser más sorprendente: un país con buenas cifras macroeconómicas, pero sin una política (en el sentido más noble y esencial del término) a la altura de los desafíos. Los economistas más reductivistas, a estas alturas, tendrán que ser humildes y reconocer hidalgamente que no basta con tener buenas cifras para que un país sea viable. Lo mejor de Chile, de su historia, lo que nos da identidad y todavía nos provoca orgullo no nació porque alguien pensó desde una calculadora o un focus group lo que había que hacer. Ningún país se construye sólo desde el pensar calculante ni la pura gestión.

El desinfle del año después | Alfredo Jocelyn-Holt

¿Por qué fracasan o terminan diluyéndose los llamados movimientos sociales? La literatura especializada avanza algunas pistas. Lo más obvio es que se les reprima, aunque no es recomendable (es torpe, es seguirles su propio juego), amén de sucio y de consecuencias insospechadas. Puede que incluso tengan cierto éxito, pero pierdan novedad a costa de ello mismo, o basta que se les “coopte”; sea que sus dirigentes se “aguatonen”, fraccionen o no falte quién los compre (todo en este mundo tiene su precio, plata hay). A menudo, simplemente, se diluyen; entre tanta moda bien pensante, políticamente correcta (sobran las “víctimas”), puede que terminen por cansar. El tiempo, además, siempre hace lo suyo (olvida), y en épocas “light” como la nuestra es posible que se les deseche o “liquide”. En efecto, no es implausible que “modelo” y “establishment” gocen de mejor salud que lo que se presume.


Querido maldito editor | Juan Cruz

La correspondencia que durante cerca de treinta años (desde 1961 a 1988) mantuvieron el editor alemán Sigfried Unseld (Suhrkampf) y el escritor austriaco Thomas Bernhard (el autor de Trastorno) contiene un resumen atosigante del infierno en que se puede convertir la parte de atrás de los libros, lo que no se ve de los autores, lo que no se conoce de los editores. La propia editorial Surkampf, años después de la muerte de editor y autor (Unseld murió en octubre de 2002, Bernhard falleció en febrero de 1989), decidió publicar esas cartas (y telegramas, el último es de Unseld: “No puedo más”) junto con notas del propio editor en las que en algún momento resume su impresión de Bernhard: es “un chantajista”.

Por un cambio de rumbo en la política europea | Jurgen Habermas, Peter Bofinger, Julian Nida-Rümelin


La crisis del euro refleja el fracaso de una política carente de perspectiva. Al Gobierno alemán le falta el valor para superar un status quo que se ha hecho insostenible. Esa es la causa de que, a pesar de amplios programas de rescate y cumbres sobre la crisis que a estas alturas ya son casi incontables, la situación de la Eurozona haya empeorado continuamente a lo largo de los dos últimos años. Sobre Grecia, tras la debacle económica, pende la amenaza de la salida del euro, que iría vinculada a una imprevisible reacción en cadena en el resto de los Estados miembros. Italia, España y Portugal han caído en una grave recesión que constantemente empuja al alza el paro. El desfavorable desarrollo coyuntural de los países con problemas empeora la situación —de todos modos inestable— de la banca, y la creciente inseguridad respecto al futuro de la unión monetaria hace que los prestamistas cada vez sean más reacios a conceder crédito a los países con problemas. Los intereses crecientes de la deuda pública, pero también la difícil situación económica, dificultan a su vez los procesos de consolidación, que en cualquier caso no son sencillos.

La brújula de los sin brújula | Alfredo Jocelyn-Holt

No hace mucho, un historiador amigo me preguntaba si sabía de algún libro que tratara lo que ocurrió entre 1998 y 2003, entre la detención de Pinochet y la reapertura de Morandé 80. No existe lo que anda buscando. Esas típicas crónicas sobre la “transición”, fin de la dictadura y triunfo de la Concertación, dejaron de publicarse. Quienes las escribían se van al gobierno o terminan en la empresa privada (es que estuvieron en el gobierno). Sus contactos e informantes pasan a ser “clientes”, y como que todo se “enreda” (el término es de Eugenio García). De haber sido alguna vez periodistas, publicistas o sociólogos, de repente pasan a ser “asesores”, “consultores” o “algo así”, “algo por el estilo” (que es como Eugenio Tironi se identifica en Twitter).

El primer baile de las furias | Pablo Riquelme Richeda

En agosto de 1914, cinco semanas después del asesinato de Francisco Fernando en Sarajevo, el coronel Edward House, de gira en Europa como enviado del Presidente estadounidense Woodrow Wilson, escribió al mandatario: “La situación es increíble. Hay un militarismo enloquecido. A menos que alguien que actúe en su nombre consiga traer otra manera de pensar, acabará produciéndose un terrible cataclismo. Hay demasiados odios y demasiados antagonismos”.

7 ago. 2012

¿El nuevo rostro de Bolívar? | Elías Pino Iturrieta


El parto de los montes. En eso concluyó el espectáculo presentado por el presidente Chávez para la develación del nuevo rostro de Bolívar. Nada nuevo, ni siquiera las patrañas con las cuales sazonó la muestra de lo que se esperaba como un descubrimiento capaz de cambiar los anales de la nacionalidad. No se comentarán ahora las patrañas, para solamente detenernos en la imagen familiar que apareció ante nuestros ojos acostumbrados a contemplarla desde 1826, por lo menos, pese a que esperábamos una revolución iconográfica que pudo llevarse a cabo si los "científicos" encargados de la misión hubiesen cumplido su papel a cabalidad. 


La importancia de los símbolos patrios | Paul Kennedy

Este año, como los anteriores, la familia de mi mujer se reunió en la antigua granja de su abuelo en Shenandoah Valley, Virginia, para celebrar la fiesta nacional de Estados Unidos, el 4 de julio; es siempre una reunión deliciosa. Pero este año fue además una reunión rara, porque el 4 de julio caía en miércoles, en mitad de una semana laboral para una familia llena de empresarios, médicos, consultores y funcionarios. De modo que nos divertimos, en grupo y de diversas formas, el 1 y el 2 de julio, y el 3 la casa ya estaba casi vacía, mientras muchos se mostraban desilusionados por cómo había caído la fiesta.

Un día, al notar esa desilusión, pregunté en tono alegre: “¿Pero por qué tiene que celebrarse justo el 4 de julio?” Al fin y al cabo, los historiadores profesionales no están seguros de si la Declaración de Independencia se firmó verdaderamente ese día, y el Congreso de Estados Unidos no estableció la fiesta nacional hasta muchas décadas después. ¿Por qué no ser más flexibles?

Teherán y la ‘Primavera árabe’ | Ramin Jahanbegloo

Un fantasma recorre Oriente Próximo: es el fantasma del cambio democrático. Los poderes que representan las viejas ideas y al Oriente Próximo autoritario han formado una alianza diabólica para deshacerse de este fantasma, pero los vientos del cambio soplan ya por toda la región, y es difícil suponer que van a disiparse en un futuro inmediato.

Durante medio siglo, todo el mundo acusó a los ciudadanos árabes, turcos e iraníes de que no mostraban suficiente interés en conquistar las libertades democráticas ni luchaban verdaderamente para liberarse de sus gobernantes autoritarios. En los últimos tiempos, sin embargo, millones de egipcios, tunecinos, iraníes, yemeníes, sirios y bahreiníes han demostrado que esa acusación no era cierta al llevar a cabo unas movilizaciones cada vez más amplias contra los tiranos. Si los levantamientos en Oriente Próximo culminan con la caída de los regímenes iraní y sirio, sus efectos en la región serán más poderosos que todas las repercusiones que han podido tener las guerras entre árabes e israelíes durante los últimos 60 años.

Los últimos días del maestro del exterminio | Pablo Riquelme Richeda

"La muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules”, escribió Paul Celan en “Fuga de muerte”, poema publicado en 1952, siete años después de la Segunda Guerra Mundial. Superviviente de los campos nazis de concentración (no así sus padres), Celan forma parte de un grupo de poetas y escritores judíos (Stefan Zweig, Primo Levi, Marina Tsvetáyeva, entre otros) que sobrevivieron a los totalitarismos del siglo XX para más tarde optar por el suicidio, oprimidos tal vez por aquello que Tony Judt llamó “el peso de la responsabilidad”. ¿Responsabilidad de qué? En estos casos, de haber sobrevivido.

El legado de 1812 revisado | Josep María Fradera


La conmemoración de los 200 años de la proclamación de la primera Constitución liberal española en 1812 mantiene justificadamente ocupados a constitucionalistas e historiadores. Por lo general, la interpretación da vueltas en torno a una idea que se repite hasta la saciedad. Esto es: con la aprobación de la Constitución gaditana en 1812, los españoles dejaron de ser súbditos para convertirse en ciudadanos. Sin embargo, si nos acercamos de nuevo a las dos situaciones que definen el antes y el después, se imponen tantas precisiones que al final queda poco de tan rotunda frase.

Con qué cara Chávez | Alfredo Jocelyn-Holt

La apropiación de la historia con fines espurios es tan antigua como el mito. Al héroe prehistórico, mitológico, se le conocen “mil caras” (Joseph Campbell). Todas ellas no más que máscaras que esconden no al sujeto al que supuestamente nos remiten, sino al ventrílocuo que mueve los hilos, quien, con arte y disimulo, hace que el muñeco cobre vida, hable, nos mire, engatuse, le “reconozcamos”.

La Presidenta Bachelet ¿viene del frío? | Alfredo Jocelyn-Holt

En una reciente entrevista, Michelle Bachelet confesó que sus dos libros favoritos eran, en género de “no ficción”, Los idus de marzo, de Thornton Wilder (porque “las cartas de Julio César muestran que hace mucho tiempo existían las mismas batallas por el poder”), y, en el género de “ficción”, La gente de Smiley, de John le Carré. Dado el impenetrable hermetismo que se le atribuye a la Presidenta, este sinceramiento es, quizás, iluminador. 


El libro de Wilder es una recopilación de cartas que circulan justo antes de la muerte del César, escritas por el Dictador y quienes complotan para asesinarlo, pero éstas no son auténticas: se trata de una magnífica novela histórica. Infiero, por lo tanto, que Bachelet estaría confundiendo realidad con ficción. Un pecado venial; los políticos están convencidos de que el poder es siempre real. Ellos literalmente se creen el “cuento”. Hace poco se supo cuán impresionada habría quedado al leer La Silla del Águila de Carlos Fuentes, novela epistolar y de intriga política en torno a una sucesión presidencial mejicana. 

7 jul. 2012

Una década sin nombre: historia del siglo XXI | Pablo Riquelme Richeda


La “historia del presente” es un género híbrido que combina la erudición histórica con la agilidad periodística y consiste en escribir sobre algún acontecimiento internacional en calidad de espectador, ojalá “en el propio sitio, en el momento mismo, con el ordenador portátil encendido”. El historiador inglés Timothy Garton Ash comenzó a practicarlo en 1989 con Los frutos de la adversidad, reporteando el colapso de los regímenes comunistas europeos durante los años 80, y continuó el año 2000, con La historia del presente: ensayos, retratos y crónicas de la Europa de los 90, cubriendo la unificación continental posterior a la caída del Muro de Berlín.

Nuestra deuda con Atenas | Carlos García Gual



Inauguraron una actitud ante el mundo: tenían un inaudito afán de conocer y conocerse, entusiasmo por la libertad, anhelo de belleza cotidiana y una animosa confianza en el diálogo. En las orillas del mar, “sonrisa innumerable de las olas” y camino de infinitas aventuras, inventaron leyes, exploraron el cosmos y teorizaron con entusiasmo. Para retratar el carácter ateniense, Pericles dijo, según cuenta Tucídides: “Amamos la belleza sin ostentación y buscamos el saber tenazmente”. Admirable lema para una ciudad y una cultura. Y solo a un griego como Aristóteles se le pudo ocurrir como algo evidente que “por naturaleza, todos los hombres anhelan el saber”. A otros pueblos los definen otros afanes: aman la piedad religiosa, el dinero, las guerras de conquista, el fútbol o la gastronomía. Solo en Grecia “filosofar” no fue un raro oficio profesional, solo allí fue la política una tarea común de la democracia. En Atenas, la educación comenzaba por saber poesía (Homero, sobre todo) y acudir al teatro de Dioniso. Otras ciudades anteponían el atletismo, la gimnasia y las hazañas bélicas.

De Mnemosyne a la Gorgona | Pablo Moscoso

En memoria de César Farías, huérfano de las musas y Mnemosyne.

Pero no importa que los días felices sean breves / como el viaje de la estrella desprendida del cielo, / pues siempre podremos reunir sus recuerdos, / así como el niño castigado en el patio / encuentra guijarros para formar brillantes ejércitos. / Pues siempre podremos estar en un día que no es ayer ni mañana, / mirando el cielo nacido tras la lluvia / y escuchando a lo lejos / un leve deslizarse de remos en el agua.
Jorge Teillier

Naturalmente, ustedes advertirán que ‘memoria’ no es aquí el nombre de un simple topos o un tema identificable; es quizás el foco, sin identidad sacrosanta, de un enigma que resulta mucho más difícil de descifrar porque no oculta nada detrás de la apariencia de una palabra sino que juega con la estructura misma del lenguaje y ciertos notables efectos de superficie.
Jacques Derrida

1. Memoria a destiempo: la antigua Mnemosyne


Como bien reconoció Nietzsche, los griegos, que con sus “dioses dicen y a la vez callan la doctrina secreta de su visión del mundo”, erigieron una divinidad particular que sobresalía sobre la multiplicidad de dioses que ensalzaban cuantos sentimientos, pasiones, funciones y disfunciones mentales podían existir: Mnemosyne, la divinidad de la memoria, ocupaba para los hombres un puesto preponderante en el áureo orbe olímpico. Ciertamente no era una diosa segundona. Mas, admítaseme preguntar, ¿por qué los antiguos griegos exaltaban con tanto ahínco la función mental que hoy nos congrega? Hurgando entre los pliegues sacros de la diosa comprenderemos no sólo la peculiar forma en que los antiguos griegos concibieron la rememoración, el modo en que se relacionaban con el pasado (¿cuál pasado?) y construían o no una perspectiva temporal, sino que acaso también aquella callada visión de mundo.

Virgilio Piñera y el pensamiento cautivo | Rafael Rojas

Luego de décadas de silenciamiento o relegación, el escritor cubano Virgilio Piñera (1912-1979) ocupa un sitio referencial en la literatura cubana contemporánea. Los avatares del canon nacional de las letras se cumplen, como en pocos autores latinoamericanos del siglo XX, en este poeta, dramaturgo y narrador, nacido hace 100 años en Cárdenas, Matanzas. Los atributos de Piñera que molestaban al Estado cubano, hace apenas 20 años, son los mismos que le han ganado una presencia tutelar, cada vez más discernible entre las últimas generaciones de escritores de la isla y la diáspora.

La fuerza del anacronismo | Alfredo Jocelyn-Holt

¿Por qué de nuevo Pinochet? ¿No se suponía que la última imagen era la del ataúd en exposición (como Kim Jong II), el resto, hacia atrás, pura historia? La alternativa macabra es tentadora para los historiadores. Nos convierte en oficiantes pompo fúnebres. Simplifica el trabajo; basta que nos preocupemos del stock de velas, coronas florales, aceites y cosméticos, quizás algo de aserrín. El llanterío corre por cuenta de los deudos, las cuitas por la de los acreedores impagos. Negocio seguro, y en Chile aún más (se suele enterrar sucesivas veces).

Un poeta frente a los 'pánzer' | Jacinto Antón

Los escenarios norteafricanos de la II Guerra Mundial están llenos de gente interesante: Rommel y Montgomery, sin ir más lejos, por no hablar de Von Stauffenberg, que se dejó allí medio cuerpo; Ramcke, el jefe de los paracaidistas de la brigada Afrika; el alado as Hans Marseille, Stirling, creador de los comandos del SAS; Bagnold, el rey de las dunas y las patrullas del desierto, o, claro, el conde Almásy, el escurridizo y romántico merodeador de las arenas. Pero ninguno de ellos escribía como Keith Douglas.

Oscurantismo | Alvaro Matus

En las universidades se ha impuesto la idea de que los textos de arte, historia y filosofía deben contar con abundantes notas a pie de página y estar escritos con un lenguaje heredero del estructuralismo, el sicoanálisis lacaniano y otras jergas difíciles. Es posible que la academia esté generando conocimiento, pero en ningún caso lo está transmitiendo. Al contrario, lo único que estos “dispositivos escriturales” -vamos poniéndonos en onda- han logrado es confiscar las humanidades al estricto ámbito de los especialistas.


11 jun. 2012

Otro rescate bancario | Paul Krugman


Vaya, otro rescate bancario, esta vez en España. ¿Quién lo habría imaginado?
La respuesta, por supuesto, es que todo el mundo. De hecho, toda esta historia empieza a parecerse a un manido número de comedia: una vez más la economía se hunde, el paro se dispara, los bancos tienen problemas, los Gobiernos se apresuran a acudir al rescate; pero, por alguna razón, se rescata solo a los bancos, no a los parados.

Treinta años de olvido | Roberto Merino


Si veinte años no es nada, según el famoso tango tan citado, súbitamente da la impresión de que treinta años es todavía menos. Por cierto: entre 1982 y el momento actual pareciera haber sólo un paso o una leve distracción temporal, pero entre ambos media un plazo suficiente para envejecer. A veces uno se siente como esos tipos con fisuras cerebrales a quienes se les detuvo el tiempo y viven pegados en un presente pretérito, si cabe la expresión. En fin, sé que es ridículo mi asombro: qué más decir, lo mismo, son treinta años de esos días exhalados como la juventud, un saco de años, más de un cuarto de siglo, el lapso de una vida entera.

4 jun. 2012

El programa de la austeridad | Paul Krugman


"El auge económico, y no la crisis, es el momento adecuado para la austeridad”. Eso afirmaba John Maynard Keynes hace 75 años, y tenía razón. Aun cuando se tenga un problema de déficit a largo plazo —¿y quién no lo tiene?—, recortar drásticamente el gasto mientras la economía está profundamente deprimida es una estrategia contraproducente porque no hace más que agravar la depresión.
¿Y por qué el Reino Unido está haciendo exactamente lo que no debería hacer? A diferencia de los Gobiernos de, por ejemplo, España o California, el Gobierno británico puede adquirir préstamos con total libertad a unos tipos de interés más bajos que nunca. Así que, ¿por qué el Gobierno está reduciendo drásticamente la inversión y eliminando cientos de miles de puestos de trabajo en el sector público en vez de esperar a que la economía sea más fuerte?

Postguerra. Una historia de Europa desde 1945, de Tony Judt | Nicolás Ocaranza


Abordar la historia contemporánea o del presente de las cosas presentes -como precisó San Agustín en sus Confesiones- no es una opción fácil para ningún historiador, principalmente porque exige ocuparse de procesos que permanecen incompletos y de acontecimientos recientes cuyos resultados son a veces inciertos. Narrar la historia europea del siglo XX no sólo requiere hacerse cargo de la memoria y del olvido,[1] como preferentemente lo exige el análisis del presente de las cosas pasadas, sino también articular un punto de vista a partir del cual observar y analizar los procesos más problemáticos.


El siempre polémico historiador Timothy Garton Ash, uno de los referentes intelectuales en el debate sobre el estudio de la historia del tiempo presente, explica que escribir sobre los acontecimientos políticos contemporáneos demanda grandes habilidades a los historiadores, quienes deben desplazarse por terrenos siempre movedizos y cambiantes.[2] Muy frecuentemente, sus complicidades y dependencias del poder político les impide ver lo que se oculta detrás del bosque; como efecto, sus interpretaciones no son más que un mero reflejo de sus cegadas pasiones mientras que el pasado se convierte en un material de utilidad política.[3] Pero también algunos gobernantes europeos han realizado un esfuerzo sistemático por cooptar la historia para luego convertirla en una verdad oficial servil a los intereses de la razón de estado. Entre los años 2005 y 2008, por ejemplo, varios países de la Unión Europea promovieron una serie de iniciativas legislativas para criminalizar el pasado. Connotados historiadores como Eric Hobsbawm, Jacques Le Goff, Pierre Nora, Carlo Ginzburg, Marc Ferro, Paul Veyne y Timothy Garton Ash alzaron la voz ante una política que no pretendía otra cosa sino instaurar una censura intelectual a través de la imposición de una moral retrospectiva de la historia. La defensa de una libertad histórica que se oponía a una memoria oficial, sacó a flote la acertada reflexión orwelliana sobre el control del pasado. Desde ese entonces, la historia de la Europa contemporánea, como se puede observar en un rápido vistazo a las llamadas “leyes sobre la memoria”, permanece anclada en un complejo debate que no disocia a la ética de la historia ni a ésta de la política.

Cinco mitos sobre la era de la información | Robert Darnton


La actual confusión sobre la naturaleza de la llamada era de la información ha desembocado en un estado de falsa conciencia colectiva. Es una falta de uno pero un problema de todos, pues al tratar de orientarnos en el espacio cibernético con frecuencia hacemos las cosas mal; y los errores se esparcen tan rápidamente que se van sin respuesta. Tomados en conjunto, constituyen una fuente de no-sabiduría proverbial. Destacan cinco:

Superficialidades kantianas | Joaquín Trujillo Silva


Se cree que en remotos tiempos los seres humanos vivían sin creerse seres humanos, sin otorgarse a sí mismos ese fuero que los eleva por sobre otras especies; en otras palabras, vivían sin distinguirse del mundo. Es más, vivían —según esta teoría— sin esa palabra “Mundo” que nombra negligentemente al conjunto revuelto de peras, manzanas y otras millones de cosas que apenas tienen entre sí algo en común. Los seres humanos han dado nombre a tantas cosas, y en eso les han dado el apellido de “cosas”. Ellos, sin embargo, que son la Casa Real de la naturaleza, —la cúspide de la Evolución— se han alejado tanto de sus remotos parientes, los han ninguneado tan a menudo, llamándolos cosas, sepultándolos en la fosa común del Mundo, que ciertos seres primigenios—esos ancestros comunes a casi todo— han reaccionado y han decidido poner las “cosas” —¡uy, nuevamente!— en su sitio.

¿Dónde ha ocurrido este acontecimiento? En un poema de la recientemente difunta polaca Wislawa Szymborska, quien —quizás a nombre propio, quizás a nombre de la humanidad— intentó restablecer relaciones son uno de estos seres antaño vivos y hoy “inertes”, según el así llamado “Derecho Romano de las cosas”. Como poeta supo escuchar la respuesta, y en tanto alfabetizada la puso poner por escrito a fin que los sordos nos enterásemos. Leámoslo, por lo tanto, en esta traducción de Andrei Langa.