27 oct. 2011

Bello encapuchado | Cristián Warnken

Ver a Andrés Bello encapuchado en el frontis de la Universidad de Chile me hizo sentir el grado de abandono en que está sumida la institución más emblemática y fundante de la República.

Pero la universidad que ha sido el faro cultural del país desde sus orígenes no sólo está siendo maltratada por los encapuchados que parecen querer sustituir la idea de universidad pública por la de universidad popular, de dudoso origen y finalidad. Lo más grave de todo es que quien tiene que cuidar y velar por el desarrollo y crecimiento de esa universidad y de las otras universidades públicas, el patrono de la Universidad de Chile, que es el Presidente de la República, no haya demostrado en los hechos un genuino afecto y compromiso con el alma mater de Chile. Digámoslo con todas sus letras: el Presidente de la República no parece sentir ni saber lo fundamental que ha sido esa universidad en la construcción de Chile. Porque si de verdad él supiera y sintiera lo que ha sido la Universidad de Chile para Chile, eso se vería reflejado en el presupuesto de la Nación y en gestos simbólicos potentes, tan necesarios en momentos de crisis de las instituciones como éste.

La Universidad de Chile ha sufrido a lo largo de su historia maltratos y negligencias, muchas provenientes desde el exterior, pero también algunas de su propio interior: desde un rector como Federici, que en el gobierno militar la diezmó, hasta administraciones mediocres e ineficaces, que la han hecho pasar en las últimas décadas por momentos de decadencia. Excluyo de esa historia a su actual rector Víctor Pérez, que ha desempeñado un papel digno y valiente, a pesar de tantas injustas críticas. Pero el tiro de gracia de esta destrucción en cámara lenta parece venir ahora de un Presidente que ve a la Universidad de Chile más como un problema o conflicto a contener que como un faro que haya que mantener prendido en los momentos de tempestad y de naufragio como éste que estamos viviendo. Dejar que esa luz se apague es un crimen de Estado.

Hemos visto a Andrés Bello encapuchado en estos días; en los días posteriores al golpe militar lo vimos amaniatado, y ahora Andrés Bello parece un aristócrata venido a menos, obligado a mendigar un presupuesto que no refleja la dignidad y envergadura de la tarea que simboliza.

Creo en la coexistencia de universidades públicas con privadas sin fines de lucro. Pero si el Estado descuida sus propias universidades, Chile perderá una parte de su ser más profundo. Veo al país cada vez más encajonado entre un ultrismo economicista ciego e inculto que está devastando el espíritu y la gratuidad y lo público, y un ultrismo lumpesco que quiere incendiarlo todo. Ninguno de los dos ni conoce ni ama ni quiere cuidar lo mejor de nuestra frágil República.

Pero si levanto la agraviante capucha colocada sobre el rostro de Bello, veo allí también los rostros de Francisco Varela y Humberto Maturana, los biólogos que cambiaron la manera de entender lo vivo; los de nuestros astrofísicos José Maza y Mario Hamuy, que contribuyeron al nuevo paradigma de comprensión del universo; los de Enrique Lihn, Nicanor Parra y Juan de Dios Vial, profesores del Instituto de Humanidades de la Escuela de Ingeniería; el del gran historiador Mario Góngora; veo a Adolfo Couve, Matilde Pérez, de la mítica Escuela de Bellas Artes, y a tantos y tantos otros creadores e investigadores de primera línea que le han cambiado la cara a este país. Si la más alta autoridad de la nación ningunea a la universidad de la que es responsable, ¿qué podemos esperar de encapuchados que sólo escuchan consignas trasnochadas y nunca han leído los versos de los grandes clásicos, y que han instalado equivocadamente su resentimiento en la figura de Andrés Bello, que encarna el más alto amor al saber, la verdad y la belleza de nuestra República, o de los restos que quedan de ella?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Nico, o quien lo haya colgado:
Yo sé que el texto no es tuyo pero la nostalgia por la aristocracia me parece algo patético. O sea, está bien, uno estudia en la Chile, otros -como dice un amigo- se "blanquean" en ella, pero no creo que nadie quiera aristocratizarla de nuevo, ¡si ya no estamos en el siglo XIX!. Lo único peor que abogar por la destrucción de las instituciones es la sacralidad con que algunos miran los brazos del Leviatán. Para esta gente, el cristo de la católica sólo se diferencia de Bello por la altura desde donde mira. La defensa a la “república” está cada vez más conservadora y mojigata. Por otra parte, aunque no esté de acuerdo con las capuchas, no se pueden comparar a éstas con la dictadura. Hay algo en la capucha, y no en los encapuchados, que le es propio a Bello. Desde luego no al Bello calvo, lleno de libros, con esa medallita ridícula, que nos mira con cara de tristeza. Sino a un Bello más joven, más idealista y quizás con menos poder.
Pero bueno, la cosa es que Bello se vino a Chile, se cago de frio, se llenó de tristeza en la mirada, se puso nostálgico, se sentó en la alameda y esperó a ser santificado por weones como Walker que están dispuestos rasgar vestiduras por un pedazo de género sobre un bloque de acero.
Saludos
D
ps. La Chile está mal porque no se le dan más financiamientos basales y nadie afuera de la universidad está dispuesto a abogar por ello. Si los que sí lo hacen, los estudiantes -encapuchados o no-, le ponen un pedazo de género a una estatua, pues que se lo pongan; y si la pintan de colores o la visten de payaso a fin de que se aumente el financiamiento basal a la Universidad de Chile, pues que lo haga. Si al final la Universidad es de todos, pero quienes la padecen son ellos.

Anónimo dijo...

Aunque no nos corresponde salir en defensa de un texto cuya autoría no es nuestra retomo algunos puntos de lo que mencionas. La universidad y los sistemas de ingreso que ella exige la convierten irremediablemente en una institución elitista, si es eso lo que entendemos por aristocratizante en estos tiempos. Un tema muy diferente es permitir que el ingreso a ella sea cada vez más igualitario, ya sea a través de la gratuidad en el acceso o a través de un arancel diferenciado.

Respecto a Bello, habría que leer sus timoratas y cambiantes opiniones en los albores de la invasión napoleónica a España para constatar que no hay nada más ajeno a su personalidad que la subversión del orden establecido. Lo que demuestra también su conservadora forma de actuar durante las expulsiones y exclusiones académicas a Francisco Bilbao y a Louis Antoine Vendel-Heyl, alumno y profesor de la Universidad de Chile respectivamente.

Bello ya está lo suficientemente endiosado en sus figuras de bronce como para hacer nuevas apologías nostalgicas de decisiones que nunca tuvo el coraje de tomar, sin perjuicio de que su gran obra, la Universidad de Chile, es muestra de su contradictorio y abierto espíritu por el saber universal.