21 may. 2011

¿El fantasma de una nueva Revolución? | Nicolás Ocaranza

Such be the sons of Spain, and strange her fate!
They fight for freedom, who were never free;
A kingless people for a nerveless state,
Her vassals combat when their chieftains flee,
True to the veriest slaves of Treachery;
Fond of a land which gave them nought but life,
Pride points the path that leads to liberty;
Back to the struggle, baffled in the strife,
War, war is still the cry, 'War even to the knife!'

Lord Byron, Childe Harold's Pilgrimage

Inciertos vientos de cambio político han comenzado a soplar en España y Chile durante esta semana. Aún cuando los acontecimientos indican diferencias importantes entre las movilizaciones sociales de ambos países, en la Península un rechazo a los partidos hegemónicos (PSOE y el PP) ad portas de las elecciones municipales además de un reclamo por una democracia real, mientras que en Chile éstos giran en torno a la crisis de la educación pública y al rechazo de un megaproyecto hidroeléctrico en la Patagonia aprobado a espaldas de la ciudadanía, el trasfondo es el mismo: crisis de la representación, centralismo gubernamental, coaliciones políticas incapaces de sintonizar con la ciudadanía y una democracia representativa cada vez más debilitada. Pero detrás de todo eso se advierte un abierto cuestionamiento al modelo socialdemócrata defendido por los fieles exponentes de la Tercera Vía vinculados al PSOE en España y a la Concertación en Chile y un llamado a abrir nuevos espacios a la democracia deliberativa.
A diferencia de las que han acontecido en años anteriores, estas protestas ciudadanas muestran una mayor claridad discursiva para cuestionar a un modelo económico neoliberal que no solo precariza sus condiciones laborales a través de la desregulación del mercado laboral sino que debilita al Estado en su intento por satisfacer los derechos sociales que el mercado no provee y que, sin embargo, se constituyen en necesidades elementales para todo ser humano. Como bien lo ha dicho Pierre Rosanvallon, la subordinación de lo político al neoliberalismo nos sitúa en una crisis histórica de la igualdad y de la constitución del individuo como el sujeto político base de la soberanía.

Estas movilizaciones, algunas aún en ciernes, dejan en evidencia la debilidad de la justicia social redistributiva como alternativa para el presente, al mismo tiempo que reclaman la reformulación del igualitarismo en sus múltiples tramas políticas, sociales y constitucionales. No sería inoportuno pensar que esos cuestionamientos podrían resolverse, como profusamente lo han explicado Pierre Rosanvallon y Roberto Gargarella en algunos de sus libros, repensando el igualitarismo fuera de los márgenes del individualismo desmesurado que ofrece la ideología neoliberal, sino a partir de la relación entre las nociones de singularidad, comunalidad y reciprocidad.

El problema futuro para estas manifestaciones que recorren con nuevos bríos el otro lado de los Pirineos y el confín de América es cómo articularán políticamente a esa masa informe que ahora sale a las calles y cómo se pasará de la legítima protesta a la conformación de un verdadero movimiento social capaz de canalizar las distintas sensibilidades que están en juego.

El malestar que se ha despertado en una parte de Europa y América -reprimido durante años de apatía- se enciende, tal como alguna vez lo fueron las revoluciones de Independencia, a través de impensados acontecimientos; pero está por verse si esa chispa se transforma pronto en incendio –como ya ocurrió en África y Medio Oriente- o si, por el contrario, se extingue tan rápidamente como ha emergido.





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