1 nov. 2011

La Democracia es el enemigo | Slavoj Zizek

Las protestas en Wall Street y en la Catedral de Saint Paul se parecen, escribió Anne Applebaum  en el Washington Post, "en su falta de concentración, en su carácter incipiente y, sobre todo, en su negativa a vincularse con las instituciones democráticas existentes". 

"A diferencia de los egipcios en la Plaza Tahrir", ella continúa, "con quienes los manifestantes de Londres y Nueva York se comparan abiertamente (y ridículamente), tenemos instituciones democráticas".


Una vez que las protestas de la Plaza Tahrir se han reducido a un llamado en favor de una democracia al estilo occidental, como Applebaum lo hace, naturalmente resulta ridículo comparar las protestas de Wall Street con los acontecimientos en Egipto: ¿cómo pueden los manifestantes de Occidente exigir lo que ya tienen? Lo que ellano ve en este panorama es la posibilidad de un descontento general con el sistema capitalista global que toma diferentes formas aquí o allá.
 
"Sin embargo, en cierto sentido," ella admite, "es comprensible el fracaso del movimiento internacional Ocuppy Wall Street en producir propuestas legislativas: tanto las fuentes de la crisis económica mundial como las soluciones que se encuentran están, por definición, fuera de la competencia de los políticos locales y nacionales." Ella se ve obligada a concluir que esa "globalización claramente ha comenzado a socavar la legitimidad de las democracias occidentales." Es precisamente esto lo que los manifestantes señalan: que el capitalismo global socava la democracia.

La conclusión más lógica es que debemos empezar a pensar en cómo ampliar la democracia más allá de su forma actual, basada en Estados-nación multipartidistas, la que ha demostrado ser incapaz de administrar las consecuencias destructivas de la vida económica. Sin embargo, en lugar de hacer este paso, Applebaum culpa a los propios manifestantes por plantear estos temas:
               "Los 'Activistas Globales', si no son cuidadosos, acelerarán ese descenso. Los
               Manifestantes en Londres gritan: '¡Necesitamos tener un proceso!' Bueno, ellos ya
               tienen un proceso: se llama el sistema político británico. Y si no averiguan la manera
               de usarlo, simplemente lo debilitarán aún más."

Por lo tanto, el argumento de Applebaum parece ser que, ya que la economía mundial está fuera del alcance de la política democrática, cualquier intento de ampliar la democracia para que la gestione acelerará el declive de la democracia. Entonces, ¿qué se supone que debemos hacer? Seguir participando, al parecer, en un sistema político que, de acuerdo a su propio relato, no puede hacer el trabajo.

En este momento no hay escasez de crítica anticapitalista: estamos inundados de historias sobre empresas que contaminan sin piedad nuestro medio ambiente, banqueros que reciben tremendos bonos mientras sus bancos son salvados con dinero público, fábricas donde los niños trabajan horas extras haciendo ropa barata para las boutiques de lujo. Hay un problema, sin embargo. El supuesto es que la lucha contra estos excesos debería tener lugar en el conocido marco democrático-liberalEl objetivo (explícito o implícito) es democratizar el capitalismo, extender el control democrático sobre la economía global a través de la presión de la exposición de los medios de comunicación, la investigaciones parlamentarias, leyes más severas, las investigaciones policiales, etc. Lo que continua sin ser cuestionado es el marco institucional del Estado democrático burgués. Éste sigue siendo sacrosanto, incluso en las formas más radicales de la 'ética anticapitalismo' -el Foro de Porto Alegre, el movimiento de Seattle y así sucesivamente-.

Aquí, la intuición clave de Marx sigue siendo tan pertinente hoy como siempre lo fue: la cuestión de la libertad no debe ser ubicada principalmente en la esfera política, es decir, en cosas tales como las elecciones libres, un poder judicial independiente, una prensa libre, el respeto de los derechos humanos. La verdadera Libertad reside en la red "apolítica" de relaciones sociales, desde el mercado a la familia, donde el cambio necesario para realizar mejoras no es una reforma política, sino un cambio en las relaciones sociales de producción. No votamos en referencia a quién posee qué, o sobre las relaciones entre los trabajadores de una fábrica. Esas asuntos se dejan a los procesos fuera de la esfera de lo político, y es una ilusión que se puedan cambiar al "extender" la democracia: por ejemplo, estableciendo bancos "democráticos" bajo el control del pueblo. Los cambios radicales en este ámbito deben hacerse fuera de la esfera de dispositivos democráticos tales como los derechos legales, etc. Estos tienen un papel positivo, por supuesto, pero hay que tener en cuenta que los mecanismos democráticos son parte de un aparato del Estado-burgués que está diseñado para garantizar el funcionamiento sin perturbaciones de la reproducción capitalista. Alain Badiou tiene razón al decir que el nombre del último enemigo de hoy no es el capitalismo, el imperio, la explotación o cualquier cosa de ese tipo, sino la democracia: es la "ilusión democrática", la aceptación de los mecanismos democráticos como el único medio legítimo de cambio, la que impide una verdadera transformación en las relaciones capitalistas. 

Las protestas de Wall Street son sólo un comienzo, pero uno tiene que empezar por esa vía, con un gesto formal de rechazo que es más importante que su contenido positivo, ya que sólo un gesto como ese puede abrir el espacio a nuevos contenidos. Por lo tanto, no debemos ser distraídos por la pregunta: "¿Pero qué quieres?" Esta es la pregunta dirigida por la autoridad masculina a la mujer histérica: "Todos tus lloriqueos y quejas; - ¿tienes alguna idea de lo que realmente quieres?" En términos psicoanalíticos, las protestas son un estallido de histeria que provoca al amo, socavando su autoridad, y la pregunta del amo es - "Pero, ¿qué quieres?"- disfraza su trasfondo: "Respóndeme en mis propios términos o cállate!" Hasta ahora, los manifestantes han hecho bien en no exponerse a la crítica que Lacan dirigió a los estudiantes de Mayo de 1968:

"Ce à quoi vous aspirez comme révolutionnaires, c'est à un maître. Vous l'aurez" (A lo que ustedes aspiran como revolucionarios es a un amo. Ustedes lo tendrán).

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