1 nov. 2011

Los saldos del siglo XX que, según el historiador Tony Judt, se resisten al olvido | Pablo Moscoso

Jorge Luis Borges, artífice de innumerables ficciones, dio hace un tiempo casi remoto con el Aleph; aquel misterioso punto perdido en un sótano desde el cual se podían ver, "sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos". Un sueño descabellado, cuya simultaneidad resulta imposible aprender a nuestras mentes temporales. Cierto, otra jugarreta del escritor argentino que, sin embargo, en contadas ocasiones deja la incómoda sensación de ser real.

Justamente, Sobre el olvidado siglo XX (Taurus, 2008), libro del fallecido historiador británico Tony Judt, constituye una especie de Aleph del turbulento siglo que acabamos de abandonar, una visión holista que pretende enseñarnos múltiples perspectivas de un mismo período. Se trata de un compilado de ensayos y reseñas que el autor de Postguerra escribió entre 1994 y 2006 para prestigiosos periódicos, como el The New York Review of Books o The New Republic. Artículos que, junto con reflejar la última década de producción de un intelectual de trayectoria impecable, constituyen un aliciente para criticar e incomodarnos con nuestro presente.

Abordando una variedad de temas y lugares, estos ensayos surgen desde una mirada escéptica, un tono o motivo básico común: "Pienso que, en las décadas venideras, la media generación que transcurre entre la caída del comunismo en 1989-1991 y la catastrófica ocupación estadounidense de Irak nos parecerá un tiempo desperdiciado: una década y media de oportunidades malgastadas e incompetencia política".

Así, engarzado en esta peculiar perspectiva, este libro plantea, entre sus múltiples temáticas, una preocupación fundamental para nuestros días: "El papel de las ideas y la responsabilidad de los intelectuales", tanto ayer como hoy. Para Judt, una de las características más preeminentes que tuvo el olvidado siglo fue el auge del intelectual; hombres y mujeres del amplio mundo de la cultura que conformaron una especie de República de las Letras, "una comunidad virtual de conversación y discusión, cuya influencia reflejó e iluminó las trágicas opciones de la época". Los ensayos sobre Arendt, Camus, Koestler, Hobsbawm o Primo Levi son, aparte de notables, un intento por rescatar un arquetipo de intelectualidad que hoy parece extinta.

Nuevamente, Judt nos habla desde la desafección, desde la incómoda sensación de pérdida; probablemente, tiene razón. Y es que, tras los dulces muros de la academia, no es raro escuchar a los "intelectuales" de hoy vanagloriarse de la inutilidad del saber humano. Sin más, amparados en criterios econométricos de fábrica de salchichas, decretan que un historiador o humanista no tiene ningún rol e influencia en el debate público. En suma, personajes silentes que, en palabras de Judt, son el reflejo de "una era de intelectuales mediáticos que buscan autoengrandecerse, pavoneándose indiferentes ante el espejismo admirativo de sus audiencias electrónicas". 

Judt rescata un modelo de intelectual que se extraña. Su vasta obra, truncada por una infame enfermedad, es el testimonio de una actitud crítica, fina, que la carga una y otra vez contra esas visiones complacientes y fofas de la historia, "que necesitan desesperadamente un cuento de hadas con un final feliz"; lecturas oficiales, consensuadas, trajes a la medida hechos para agradar a públicos susceptibles. No, el oficio que Judt despliega en cada uno de estos ensayos es el de inquietar, el de remover piedras, costras y cuanto intento de dulce fosilización se intenta echar sobre el pasado.

Y si bien Sobre el olvidado siglo XX está en librerías hace un rato, vale la pena retomarlo, pues constituye una excelente guía para comprender nuestro atribulado tiempo. La advertencia que lanzó Judt, esa de que "con demasiada confianza y muy poca reflexión dejamos atrás el siglo XX y nos adentramos osadamente en el XXI provistos de medias verdades egoístas -el triunfo de Occidente, el final de la Historia, el momento unipolar de Estados Unidos, el ineludible avance de la globalización y el libre mercado-", no puede tener mayor sentido. En estos días en que Occidente y, desde luego Chile, se desvive en sendos conflictos, Judt nos exige que levantemos la guardia contra el olvido, contra las complacencias y acomodos de nuestro presente, contra las medias verdades que tanto afofan, y clama, en cambio, por una crítica potente que valore las raigambres y desarrollo de los estados democráticos y liberales del siglo XX. 

Por otra parte, Sobre el olvidado siglo XX nos permite acercarnos a la centuria pasada de una forma peculiar, más amistosa si se quiere y, por sobre todo, romper con el tedio cronológico que, si bien necesario, a veces latea. No, la perspectiva acá es notablemente cubista: retazos y fragmentos de un siglo, algunos ínfimos, irrelevantes si se quiere, que yuxtapuestos en una sola mirada generan una impresión potente sobre el olvidado y, también, estigmatizado siglo XX. Es, a todas luces, una especie de Aleph intelectual que está ahí para evadir, como diría el mismo Borges al finalizar su magnífica ficción, la porosidad de nuestra mente para el olvido.


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