8 oct. 2012

A la izquierda del PC | Alfredo Jocelyn-Holt

Posicionarse más allá del PC puede que haya tenido algún sentido durante la Guerra Fría. De ese modo, se podía ser radical sin ser comunista; el beaterío político clerical socialcristiano podía coquetear con la revolución sin aparecer en tratativas con el Diablo, mientras que los “liberals” yanquis (la “New Left”) y otros bienpensantes pasaban también piola. Al final, sin embargo, todos, comunistas o no, fueron superados.


Se produjo -cómo olvidarlo- la caída del Muro, el vuelco hacia las derechas (algunas de terror), al cinismo tecnócrata, al dios Mammón y a los fundamentalismos religiosos, étnicos y demases. Ante lo cual, izquierdistas sin remedio, gente que tiene que siempre creer en algo, se convirtieron en “progresistas”, se “exiliaron” en la teoría social y el academicismo escolástico multiculturalista. Capillas y catacumbas desde donde, chiflados de tanto discurso sobre el “discurso” y la “exclusión” (latas soberanas), llaman desesperadamente en estos días a “tomarse” la calle, las escuelas, el presupuesto, la historia, lo que sea.

Gurús máximos de este posicionamiento anti PC, versión más reciente -Michael Hardt y Toni Negri- afirman que ya no se puede creer en un “Uno Todo”, en el viejo “Pueblo”, “el Partido” o el Estado, sino que hay que apostar por los “muchos varios”, por la Multitud, esa multiformidad del mundo globalizado, producto de nuestros propios deseos, en contraposición al Imperio, también globalizado, el Poder en todas partes. Alentados, pues, por lo único real, “la voluntad de estar en contra” (“la desobediencia a la autoridad es uno de los actos más naturales y saludables”, lo raro no es que la gente se rebele, sino que no lo haga), hay que convertirse en “nuevo bárbaro”, sin mediadores, sin el viejo PC y frenos, atacar al Imperio (el Poder en todas partes) cómo sea, dónde sea, y hacerse del “poder constituyente” para comenzar, de nuevo, desde cero.

¿Suena familiar? La misma dialéctica, el mismo maniqueísmo mesiánico, el nosotros somos la historia, suponiendo que sólo hay o puede haber izquierdas, la ortodoxa y su ala ultrista. Decía Cohn-Bendit en 1968, la “historia del Izquierdismo” es siempre la misma: Marx a la izquierda de Proudhon, Bakunin a la izquierda de Marx, Lenin a la izquierda del reformismo socialdemócrata; “como Lenin nunca dejó de repetirlo, las masas están muy a la izquierda del Partido, precisamente como el Partido a la izquierda de su Comité Central” (Trotsky, Historia de la Revolución Rusa). El Izquierdismo es lo novedoso en la historia revolucionaria desafiado por lo trasnochado. A lo que le responden los camaradas: eso es mero infantilismo revolucionario, o complejo de izquierda, ya que el PC, siendo la izquierda histórica, la auténtica, nunca se las daría de izquierdista. Posee una organización paciente y disciplinada; transa, ordena. Buen ejemplo, el PC chileno.

Que debamos recordar estos lugares comunes históricos demuestra lo empantanadas que están las izquierdas desde hace décadas. Por eso es fascinante lo que debe estar pasando por la mente de Bachelet y su entorno. No es sólo cuestión de que se sienta capaz de gobernar Chile, también tendrá que resolver líos de su mundo político que nunca nadie ha resuelto satisfactoriamente. Yes, she can?

1 comentario:

JC dijo...

Calando hondo en el tema de lo que había sido Fordlandia (escuchando y re-escuchando el mítico trabajo de Johann Johannson), me topé con este blog..
Os felicito, es prácticamente conocimiento incondicional para la nueva generación de líderes y trabajadores gremiales..

Un abrazo infinito desde las trincheras Puentealtinas.

J